SIN RUMBO


 
Algo muy dentro me hace sentir que no soy el mismo, algo ha muerto, ha quedado atrás y no volverá. Me pregunto, cuántas muertes cargamos al través de nuestra vida…” Esta pared no está quedando, ni de broma es lo que tenía en mente”.
– ¿Andrea?
– No, soy yo Agustín, feliz cumpleaños Fede, papá trae tu regalo. Mientras voy a
poner estas bolsas en la cocina.
-Qué tal hijo, felicidades, ¿Dónde quieres que lo ponga?
– Deja la puerta abierta papá, el olor de la pintura es muy fuerte.
– ¡Qué es lo que traes ahí!
– Es tu regalo, ¿No te parece original?
Eso no es un regalo, es un problema más, es un ancla que me detendrá, y esta pared que no queda, quizá con otra mano el color sea exacto o tal vez sea mejor esperar a que seque.
– ¡Carajo papá! Ya se hizo pipí en la pared.
– No es para tanto Federico, ahora mismo lo limpio, de paso voy a tomar unas hojas de periódico para irlo educando.
Por más brochazos que doy se quedan las manchas del tiempo y voy a tener que resanar los agujeros que dejaron los clavos.
– Le damos una talladita, luego le das otro brochazo y aquí no pasó nada. Mira
hijo ¿Verdad que es divino? Desde que lo vi supe que sería el regalo perfecto.
– Qué ocurrencias las tuyas, papá.
– Verás qué buena compañía te va a hacer.
– Hace años que vivo con Andrea, no creo necesitar más. Ella no tarda en
llegar y falta ver cómo lo toma.
– Un perro es diferente, es fiel.
No sé si volver a colgar los cuadros en el mismo lugar o sería mejor colgar sólo algunos y regalar los demás.
– En esta foto mamá es muy ella.
– ¿A qué te refieres Agustín?
– No se, su expresión, quizá su mirada, así es como la recuerdo.
– Federico, hijo ¿Tienes algo donde poner agua para que beba este cachorrito? Este color es patético ¿Cómo se me ocurrió comprarlo?…” Busca debajo del fregadero ahí hay unos baldes”
-Tengo un CD de música antillana. Lo voy a poner.
– Como quieras Agustín
Los muebles son los que desentonan con esta pared, sí, son los muebles.
– Ahora que llegue Peter, vas a ver el pastel que te hizo, es el de chocolate que tanto te gusta.
– Estoy a dieta papá, no ves que estoy hecho un cerdo.
Pasteles, colores pastel es lo que debería haber comprado, no esto. Me pregunto cómo habría sido mi vida si no hubiera nacido en esta familia. Y ahora todavía un perro a quien cuidar.
– Necesito un vaso de agua para tomarme mis medicinas.
– Ya sabes donde están los vasos, Agustín, toma uno y sírvete el agua.

Creo entender por qué nos dejaste mamá. Veías tu vida como veo esta pared.
-Vamos a bailar, uno, dos, tres; un, dos, tres.
-¡Cuidado Agustín! Vas a pisar al perro.
– Un, dos, ¿Qué dices?
– ¡Por Dios Agustín! Bájale al volumen ya me ataranté.
– Está bien, ya entendí, de todas maneras no quiero bailar, voy a poner otro CD.
Lo que me está desquiciando es el color, es olor de esta pared, es el recuerdo que quiero borrar con unos brochazos, es… son tantas cosas.
-Federico, necesitamos ponerle un nombre a este cachorrito.
– ¿Me decías papá?
– Este perro tiene que tener un nombre. ¿Cuál crees que le venga bien?
– Puñal.
– ¡Muy gracioso, Federico! No empecemos, hoy no, hoy es día de fiesta.
– Discúlpame, creo que a mis treinta y un años ya no estoy del mejor humor y me he vuelto menos tolerante.
Soy como la pintura que poco a poco se va secando y ha quedado impregnada en la pared, presa de sí misma.
– A ver, a ver, déjame pensar en un nombre.
– Ya quiero irme papá.
– Pero si acabamos de llegar Agustín y todavía falta el pastel que va a traer Peter.
Todos quisiéramos irnos, volver a empezar. Irnos, no se a dónde pero irnos.
– Ahora que te veo con la brocha en la mano se me ocurre que sería bueno
ponerle el nombre de un pintor cuya obra al menos tenga más color que esa
pared.
“Cuando no te enteras lo que se fue, hoy nos unió el adiós”…escucho al fondo.
– ¿Agustín, quién canta la canción del CD que pusiste?… Agustín ¿No oyes?
– No te va a contestar hijo, ya ves como se queda de un momento a otro. Mejor
veamos el nombre del perro.
– ¿Se tomó sus medicamentos?
– Déjame pensar en el nombre de un pintor. A ver Gauguin, uy no, Monet, menos,
Cezanne, demasiado seseado, quizá Toulouse, o mejor Rousseau, Degas, para
nada.
Y para esto luchaste mamá, ve a tu propia familia, dónde quedaron tus ideales, valdrá la pena que yo tenga los míos. No mamá, a mi no me va a suceder lo mismo.
– ¡Matisse! Eso es. El nombre es perfecto y además tiene carácter, es intrépido y travieso.
Cómo me gustaría también huir de todo, al igual que lo hizo mamá. Por hoy ha sido suficiente, mañana terminaré con esta pared que no me gusta, con esta historia que detesto.
-Papá, cierra la puerta por favor.

GATO DOMÉSTICO

Toda la tarde había estado con Clara, una alumna de sociología que conocí en un congreso universitario a principios de este año, su juventud y energía desde el primer momento me llamaron la atención, no se diga su bien torneado cuerpo y esa sonrisa que cautiva. Ella vive en un pequeño departamento que sus padres le alquilan para que pueda estudiar en la ciudad. Mis visitas cada vez son más frecuentes e intensas. Hoy fue una de esas tardes en la que disfrutamos del calor y el placer que brinda el sexo. Había olvidado casi por completo que tenía que hacer algunas compras con Lidia para la cena de fin de año, por lo que salí sin siquiera despedirme de Clara quien estaba en la regadera.
“¡Qué poca madre!”
Al llegar a mi departamento había sido despojado de sus muebles, trastes, libros, aparatos electrónicos; bueno ni el radio del baño se salvó.
Los cajones abiertos de la cómoda del clóset mostraban que sólo faltaba su ropa y me percaté que los ganchos jugaban al ver como la mía había quedado toda tirada.
“Te lo advertí” decía la nota pegada en la puerta de la recámara.
Comenzaba a llover intensamente como aquella tarde en que te conocí Isabel, después de aquel pletórico mitin, con la sangre explotando dentro de nuestras venas caminábamos y me sonreíste como hoy lo hace Clara.
“No faltes el sábado, tomaremos el zócalo.”
Entonces tenía poco en este país, salí del mío buscando la justicia social y la igualdad harto del voraz Capitalismo. Los encuentros a partir de entonces se siguieron uno con más intensidad que el otro. Nuestros cuerpos aún mojados por la lluvia se estremecían fundiéndose en uno sólo, observados por las paredes de aquel cuartito de hotel que solíamos alquilar. Tu amor maduro me perdía y me llevaba a sitios nunca antes imaginables, pero decidiste quedarte con Oscar quien paradójicamente optaría por tomar más tarde a mi hermano Peter, así es la cruel cadena del amor.
“¡Hija de su madre! Ni un vaso dejó”.
Desde que Lidia y yo comenzamos a salir le hablé de mi pasado y bien sabía que no soy hombre de una sola mujer, entonces salió con la frase estúpida: “Verás que yo te voy a cambiar”, no se ni cómo fue que nos comprometimos, a su lado no sentía la pasión que he sentido con otras mujeres, como Amparo, quien haciendo gala de su nombre me acogió en Valencia cuando tuve que salir huyendo de aquí. Ah, qué mujer tan generosa, como el mismo vino del Rioja.
A su lado respiré la libertad y la aventura. Un día en Barcelona y al otro en Málaga, nada nos detenía mas que el cansancio de la noche desnuda. Con ella terminé mi maestría y de no haber sido por el Ministerio del Exterior que requirió mi salida inmediata de España, lo más seguro es que hoy mi vida sería otra.
Meses después de mi partida me hizo saber que tendría un hijo mío, no lo hacía sino para enterarme, ya que ella había tomado la opción de tenerlo y criarlo sola, pues bien sabía que las ataduras no iban conmigo y ella tenía deseos de ser madre. Es por eso que no sé cómo pude terminar aquí con Lidia.

“¡Cabrona! No te llevaste las paredes y el techo porque no se puede”.
Voy a tener que ir a comprar un colchón para no pasar la noche sobre el suelo frío.
Ése que ahora tienes, mientras duermas, te va a contar sus historias al oído, cómplice mudo que romperá el silencio; ojalá las sillas, mesas, cojines y los trastes se unan en coro para desquiciarte.

Cuando desperté en el cuarto del hospital aún atarantado por causa de los medicamentos pude percatarme que había gran movimiento en los pasillos del nosocomio, Laura Benítez la actriz quien había sido postulada para ir a Nueva York y actuar en “Cats” se encontraba justo en el cuarto frente al mío.
Esa tarde el doctor entró a la habitación y con un tono adusto me dijo: “Lo que usted tuvo fue un coma diabético, a partir de ahora su estilo de vida tiene que cambiar, debe ser muy disciplinado si quiere que su calidad de vida no se vea afectada…”
Palabras más, palabras menos y en términos médicos que intentan no involucrarse ante la desgracia ajena me dijo que tenía diabetes y que debía llevar una dieta especial, así como la aplicación constante de insulina y una serie de cuidados a los que no estaba familiarizado.
En un momento de vaguedad nuestras miradas coincidieron.
-¿Puedo pasar?
– Sí, adelante, tú eres el chico de enfrente, ¿verdad?
– Así es.
Las sondas intravenosas nos ataban y nos vimos forzados a hacer el amor sólo con la mirada, buscábamos una nueva razón que darle a nuestra existencia; su intento de suicidio y la reciente noticia que tenía diabetes cimbraron nuestras almas identificándonos como dos seres por primera vez vulnerables.
Sólo estuvo una temporada en Nueva York, yo la seguí en mi afán de huir de todo, pero pronto me vi encerrado en mis propias raíces.
Hoy termina un año más, una relación más.
“ Doña Carmen, más tarde le llevaré la cena de Año Nuevo y su despensa mensual”.
“ No le escucho bien, ahora bajo”.
“ No, no tengo con quien pasar el Año Nuevo”.
Su ronroneo y maullido me hicieron detener al cerrar la ventana, nos miramos como dos seres idénticos, separados por un vidrio. Levantó su cola y se fue.
“Bisshito, Bissshito”.

CEGUERA TEMPORAL

Alguien me dijo que todos tenemos un lado oscuro, ahora que lo pienso, me suena más a una frase eufemística para decir que todos llevamos consigo nuestro costal de mierda.
“Quizá debería ir directo al grano y no darle tanto rodeo a esta carta”
“Querido hermano, quiero que sepas que me intenté suicidar porque ya no soportaba más la vida miserable que he llevado al lado de Óscar”
Estos días en el hospital me he visto al otro lado del espejo, esa imagen que procuraba no ver ni siquiera cuando me rasuraba. Podría decir que fui un idiota al beber el anticongelante del auto, podría recriminarme más y más hasta hacerme yo mismo añicos.
“No es algo de lo cual me arrepienta, creo que fue un impulso que ya llevaba gestándose en mí hace años”
Pero no ganaría nada con hacerme incluso desaparecer, eso es algo que quizá esté deseando en este momento Óscar.
“Sin darme cuenta poco a poco fui cediendo de una vejación a otra”
Para él siempre he sido un objeto donde desfogar sus más bajas pasiones, todo comenzó como un juego en el que yo daba las nalgas y el me daba todo, no tenía que preocuparme más por una buena casa, ropa, viajes, diversiones, restaurantes.
“Pasé a ser algo qué mostrar y con quien jugar, otra pertenencia de la cual se dispone como le venga en gana”
Hoy ya no se quien soy ni yo mismo, esa imagen que veo no logro reconocerla. Curiosamente recuerdo que a Óscar le gustaba poner un espejo enfrente mientras me violaba con el puño, me azotaba y me esposaba las manos.
“Quisiera que esta carta no sonara tan cursi y llorona, pero ya ves que la escritura no es mi fuerte”
Él decía que todos los gringos somos pervertidos y por eso me había elegido como pareja.
“Tú mismo me lo presentaste e incluso me advertiste que había llevado una relación extraña con su esposa e hijos”
Nunca tomé en serio sus palabras hasta que mi dignidad supuró pus por los oídos. No escuché más lo que la gente me decía, no sentí y la mierda nubló mi vista.
“Me deslumbró con sus regalos y atenciones, fue fácil creer que sería alguien a su lado”
Siempre he querido ser alguien como tú Horacio, las mujeres te entregan más su amor cuanto más las desprecias. Iluso de mí quise imitar el mismo juego con los hombres y lo único que he ganado es el desprecio a mí mismo.
“Mi juventud era mi única carta en el juego y olvidé que el que paga manda”
Pedazo a pedazo me he ido desmoronando hasta llegar a ser una marioneta que las cuerdas ya no la pueden levantar.
“Supe que viniste a visitarme mientras estaba en terapia intensiva, las enfermeras me dijeron lo preocupado que te veías”
Si se pudiera revertir el tempo como en las películas, volver a empezar o quizá cortar las escenas que nos llevan a un callejón sin salida.
“Pienso en lo mucho que nos hemos distanciado y no se en qué punto dejamos de ser los hermanos que éramos para ser sólo Horacio y Peter, la pareja de Óscar”
Siempre me protegías y veías por mí desde que llegué a este país, me he de haber mal acostumbrado.
“Quizá en la supuesta protección de Óscar quería llevar conmigo la protección que siempre me brindaste”
En estos días he conocido al otro Peter
“Sin darnos cuenta el tiempo ha pasado y nuestras vidas fueron tomando vertientes diferentes”
Ese Peter que permanece oculto en su guarida esperando al acecho.
“Quisiera verte pero aun la vergüenza me detiene incluso para llamarte por teléfono, es por eso que te envío esta misiva, tu hermano Peter”
Para salir y también demostrar su poder como lo hacía Óscar.

CUERDA FLOJA

Los vagones del metro iban atestados de gente y con las prisas olvidé llevar conmigo un libro para mitigar el largo trayecto. “Decídase de una vez por todas a ser un profesionista de calidad, estudie computación e inglés en sólo un año” leía en uno de los anuncios de publicidad pegados en la pared del vagón, la gente subía y bajaba, se arremolinaba. Entre los muslos y las pantorrillas se abría paso un vendedor de calculadoras hechas en China, el calor y el hedor hacían que me adormeciera. El vagón se detuvo abruptamente y fui a estrellarme contra un padre que llevaba a su hija de la mano, fue entonces que recordé a mi propio padre. Desde que enviudó las cosas no han sido fáciles en la familia, él ha pasado a ser una especie de ente en su casa, mi hermana y yo nos hemos distanciado mucho y por cualquier motivo reñimos, al parecer todo nos molesta de la una con la otra. Disfruto mi independencia, aunque hay días en que quisiera que alguien me atendiera ya que parte de mi vida se va en cuidados, laboratorios, medicamentos y terapias, además desde que terminé con Horacio me he sentido un tanto sola.

– Buenas tardes, tengo una cita con el Sr. Federico García.
-¿Cuál es su nombre?
– Clara Moreno
– Pase por acá por favor.
La recepcionista me guió por unos pasillos iluminados por tragaluces y cuyas paredes mostraban “posters” de diversas galerías y exposiciones.
– Sr. Federico, lo busca la señorita Clara Moreno, tiene una cita con usted.
De entre el hombro de la recepcionista vi a un tipo joven casi de mi edad jugando con un lápiz entre sus manos.
– ¡Ah! Sí, qué pase, qué pase.
La oficina era espaciosa y se percibía una esencia acanelada.
– Mucho gusto, señor García.
– Háblame de “tú “ por favor.
– Como gustes.
– Me llamó Jorge Fernández de la Galería “La Paz” para decirme que te echara una mano en la organización de la exposición que van a tener tú y un grupo de escultores.
– Así es, mira realmente lo que necesitamos es que nos ayudes con el asunto de invitar a los medios.
– ¿Para cuándo es la exposición?
– Dentro de un mes
– Estamos en tiempo, déjame tus datos y me pongo en contacto con Jorge para que afinemos todo, ¿sale?
– Me parece perfecto, te dejo entonces mi tarjeta.
Saqué de mi bolso mi cartera y jalé una tarjeta de uno de los compartimentos, para dársela a Federico. El la tomó y se quedó leyendo su contenido.
– Veo que vives en la calle de Marsella.
– Sí …
– No me digas, dijo con cierta emoción.
Lo miré extrañada
– Justo en esa calle vive mi hermano Agustín. Es más, debe ser el mismo edificio.
– Es un edificio de los cincuenta, con fachada Art Decó.
– Sí claro, uno que tiene un departamento con balcón por piso .
– Ese mismo.
– ¡Ah mira qué chiquito es el mundo! Yo voy muy seguido a visitar a mi hermano, si quieres igual y nos vemos la semana que viene en tu departamento y así no tienes que venir hasta acá.
– Me parece perfecto , de paso ves las esculturas que estoy trabajando para la exposición.
– Sensacional, entonces nos vemos en una semana, te llamo para ponernos de acuerdo. Ha sido un gusto Clara.
– El gusto ha sido mío, con permiso.
Me retiré de la oficina de Federico con el presentimiento de que no sería la última vez que nos veríamos y que algo indescifrable nos uniría.

El ulular de la sirena se iba desvaneciendo a la vez que mi mirada continuaba fija ante aquel balcón, mi cuerpo petrificado semejaba a una de mis esculturas y mi mente había quedado fija en aquel momento tratando de procesar lo que había sucedido.
Esta tarde acababa de hablar con mi hermana Rebeca , con quien siempre acabo de pleito. Colgué el teléfono y me puse a trabajar en una pieza que quiero incluir en mi próxima exposición a la vez que pensaba en los detalles que tenía que afinar con Federico el día de hoy; como las invitaciones, confirmar con la galería y ver con cuánto espacio cuento junto con los demás escultores. En eso estaba cuando salí al balcón a tomar un poco de aire y relajarme, como cosa rara el viento había limpiado el cielo y desde mi balcón se podían ver perfectamente los volcanes, era una vista de esas que se puede apreciar sólo en contados días del año.
No sé si el aire un poco más puro, la sensación de tranquilidad que brinda ver los volcanes, o los medicamentos, pero en especial me sentía con más energía y cómo decirlo, más completa, igual y mis glóbulos rojos impredeciblemente aumentaron, pues en el último conteo que me tomaron el resultado fue bastante bajo. En eso escuché unas voces que venían del balcón de arriba.
– Cabrón ten cuidado, le decía el “Gordo” a Agustín.
– No mames, mejor arregla los cables que ya se atoraron y no alcanza la cámara y chécate el sonido porque voy a empezar a hablar.
– Neto que estás loco, pareces trapecista.
– Pérame voy a empezar mi choro: “Desde una parte de esta inmensa ciudad, nos apostamos a grabar alguno de los delitos que suceden a diario. En este experimento que hacemos, sólo basta tener bien enfocada la cámara, que no dudamos en un rato se dé algún ilícito o evento violento tan común ya en esta ciudad”…

En realidad no presté mucha atención a aquella conversación que escuchaba, ya que mi mente prefirió volar como queriendo salirse de mi cuerpo, este cuerpo que hay días en que parece tan pesado y achacoso. Por fortuna con los últimos medicamentos que he estado tomando las fiebres han desaparecido casi por completo y la posibilidad de que me apliquen una novedosa terapia a base de células madre impedirá la molesta quimioterapia. Los constantes gritos y ruidos del departamento de arriba me hicieron reaccionar, entonces decidí volver a mi labor y no enfrascarme demasiado en la leucemia, lo cual siempre acaba deprimiéndome. Las voces continuaban en el balcón de arriba.
– Mira Gordo, ahí va un caco a abrir un coche.
– A ver, a ver
– Pásame más cable, ya estoy enfocando al pinche ratero, pero no llego… No manches la gente pasa y ni pelan.
– Hijo de su puta madre, velo cabrón con qué facilidad se mete en el coche.
– Gordo, echa un ojo a ver si hay otro cabrón que le esté cuidando las espaldas al pinche caco.
– Sí , ya vi a un guarro en la esquina.
– Déjame y hago un paneo y lo enfocó al cabrón.
– ¡No mames Agustín, ten cuidado!… ¡Agustín!
Decidí entonces continuar con mi trabajo, pasé a la cocina a prepararme un téy limpiar mis espátulas, luego encendí el estéreo y puse un CD de Brahms, ya cuando estaba lijando la pasta de la escultura escuché un golpe seco en el balcón, pensé que se había caído alguna de las macetas colgantes que tengo, en eso vi que había un cuerpo tendido y sangrando en el balcón, no lo podía creer, de dónde calló, cómo fue que llegó ahí, mi cabeza no dejaba de cuestionarse a la vez que mi cuerpo corría en su ayuda.
“ No te muevas, voy a llamar a una ambulancia, pero ¡no te muevas!” ,le dije .
Su mirada llena de terror quedó clavada en la mía.
A los pocos minutos sonó el timbre, era Federico, por el interfono le dije que pasara de inmediato que había sucedió un accidente. Quién iba a decir que el cuerpo de ese muchacho era el hermano de Federico, Agustín.
Federico llamó de inmediato a una ambulancia y tan pronto llegó salieron al hospital.

La sirena se ha dejado de escuchar, todo ha quedado en un silencio casi tangible. Mi cuerpo agotado quiere refugiarse en la inconciencia y mis párpados asemejan dos bloques de concreto, por más que intento no puedo abrirlos, me dejo llevar por el sueño y la fatiga, tengo una sensación como si flotara y a la vez me veo en el aire junto con Agustín, los dos nos reímos mientras observamos como van llegando al borde del balcón Oscar el padre de Agustín, Federico, Peter quien viste de blanco y se apoya en Horacio, uno a uno nos dice adiós con la mano.

Eduardo Sastrías

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2 comentarios

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2 Respuestas a “SIN RUMBO

  1. No cabe duda mi gentil caballero andante… la pluma es tu incondicional aliada en la eterna lucha contra los desamores y los desencuentros.Dulcinea del Toboso Queretano.

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  2. Hola querido:Hoy estoy leyéndote y recuerdo a Quevedo. Trascribo:”El amor nuevo en la sangre nueva que retoñece en la primavera de la juventud, es ponsoña que luego se derrama por las venas, yerba que luego prende en las entrañas, pasmo que luego entorpece los miembros, landre que luego mata los corazones, y fin que da fin a todos los cuerpos. No sé lo que digo, aunque siento lo que quiero decir; porque jamás blasonó amor con la lengua, que no estuviere muy lastimado lo interior del ánimo”.Con un amor que no es nuevo en la sangre nuevaIrasema

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