Archivo mensual: diciembre 2007

AL OTRO LADO DEL JARDÍN

“El frío se ha vuelto más intenso en estos últimos días del año. Con el reciente aumento de precio de los energéticos nos vemos precisados a racionar el uso de éstos. Actualmente se prepara un plan para la organización, distribución y utilización de las principales fuentes de energía. Debido a los problemas que han sufrido los países productores de petróleo se estima que la producción de hidrocarburos para el próximo año ira disminuyendo a pasos agigantados trayendo como consecuencia un alza incontenible en el precio de los mismos. Si a esto le agregamos el creciente aumento de la temperatura del planeta, las cosas no se ven nada alentadoras. El uso del automóvil será únicamente para lo indispensable de preferencia por la noche o en caso de suma urgencia. De hecho en este último año la bicicleta se ha convertido en el medio de transporte más socorrido ya que por sus características cumple una doble función que es el ejercicio y el traslado fácil y ágil de un lado a otro.
De alguna forma todos damos nuestro mejor esfuerzo para seguir manteniendo un nivel de vida decoroso y tener un mejor futuro.
En efecto, estos han sido los años más crudos de nuestra historia…”

Así comenzaba la crónica que tenía que entregar a la redacción del periódico sobre los acontecimientos del año que estaba a punto de terminar.
Con tanto trabajo y apuración no me había percatado de la hora ; ya faltaba poco para la media noche.
Alguien tocaba a la puerta. ¿Quién podría ser a estas horas? Me encaminé hacia la puerta con paso sigiloso dudando si abrir o no esa puerta, me detuve y tomé aire, estiré el brazo y toqué la perilla de la puerta, mi mano entonces pareció pegarse a ella debido a un frío tan intenso que irradiaba. De repente ese frío cesó. – Debo estas delirando- pensé. Regresé a mi escritorio y tomé un cigarrillo, al poco tiempo de nuevo oí el sonido del timbre. Sin pensarlo y con paso firme fui directo a la puerta y la abrí de par en par.
Veía dos sombras humanas que debido a la oscuridad no podía distinguir con precisión.
– Sí, ¿Qué se les ofrece? Pregunté con cierta impaciencia.
Las dos siluetas se acercaron a la luz y pude entonces ver a un par de mendigos; un hombre y una mujer embarazada.
– Buenas noches señor- mentó el hombre. – Disculpe que lo moleste a esta hora pero es que mi esposa no se siente bien y verá… el hombre movía su pie con intranquilidad y se apretaba las manos, – ¿Podría dejarnos pasar a descansar un rato?
Todo esto me resultaba un dilema. ¿Quién me aseguraba que no eran unos asaltantes? Quizá la mujer no estaba realmente embarazada, cualquiera pude fabricarse un abdomen abultado.
– Se lo juro que no daremos molestias, si quiere nos podemos quedar en la cocina o donde usted guste.
Pensé en todo y en nada en un minuto. Todo era demasiado repentino y extraño. En fin, accedí y los dejé entrar.
– Tengo un pequeño cuarto que uso como bodega, ahí pueden pasar la noche.
– Gracias señor, diosito lo bendiga me decían a la vez que me besaban las manos.
La mujer apenas tenía expresión en su cara, sin embargo su mirada proyectaba paz y confianza.
Debo estar loco metiendo a esta gente en mi casa, pensé.
– Nada más tengo un catre, así que usted tendrá que dormir en el suelo. Le dije al hombre.
– No se preocupe, señor, la que necesita reposo es mi señora, yo donde quiera me acomodo.
Los conduje al cuartito que está al otro lado del jardín. Al abrir, la puerta rechinaba y el foco de luz se encontraba fundido. Busqué una vela y la encendí. Detrás de algunos tablones estaba el catre, al sacarlo una nube de polvo inundó el recinto. En unos minutos acondicionamos el lugar.
– Buenas noches señor. Nuevamente discúlpenos tanta molestia.
– ¿Está seguro que no quiere que mande llamar a un médico?
– Gracias, pero lo único que ella necesita es dormir.
Cada vez que miraba a esa mujer se producía en mí una sensación muy extraña. Era algo que no podía entender. Sin embargo sentía que ahora era yo el que invadía su privacidad, sin más dejé el cuarto y me dirigí a la casa.
“ La situación mundial se complica debido a los conflictos internos de cada país; la falta de agua en algunos y el exceso de ella en otros hace que las fronteras se vean vulneradas; la estabilidad política, económica y ecológica del mundo está entrando en una etapa sumamente delicada, con loa globalización los problemas internos de los países se convierten en detonantes mundiales, el terrorismo y el narcotráfico como nueva forma de conflicto tambalea las economías y la seguridad; sin duda la paz y el bienestar social nunca antes han estado en tal peligro…”
Continuaba trabajando pero en momentos divagaba y mi concentración se perdía, mi mente se iba a ese par de salidos de quién sabe dónde que estaban en mi propia casa. ¿Y sí la mujer se pone mal? ; ¿Si se le adelanta el momento del parto? ; ¿Si muere? Ahora tenía una responsabilidad ajena a mí y de a gratis.
Me senté entonces en el sofá para descansar un poco o al menos relajarme. Como no podía dormir comencé a releer lo que había escrito.
– ¡¡¡Qué mundo, Dios mío !!! – me decía. – La vida podría ser tan sencilla y la hemos complicado tanto. ¿Hasta dónde vamos a parar?
Seguir escribiendo me parecía ya fastidioso y me deprimía la idea de que cada día íbamos a estar peor. Sin embargo mi deber era cumplir con mi trabajo reflejando una realidad de manera limpia y honesta aunque en mi interior quisiera escribir sobre algún relato, evento, suceso o incidente que reflejara una chispa de esperanza en la humanidad, pero simple y sencillamente en ese momento no lo veía.
A cada momento me asomaba por la ventana para constatar que todo estuviera en orden, y no hubiera nada sospechoso en aquel cuarto. Como la humedad que va impregnando la tierra, así el cansancio entraba en mi cuerpo y a pesar de mi resistencia poco a poco me dominaba hasta caer en un sueño profundo, de repente sentí como si alguien de forma brusca me moviera; súbitamente quise abrir los ojos pero me fue imposible debido al deslumbramiento provocado por una luz incandescente.
Forzando mis ojos lenta y pesadamente los fui abriendo poniendo mi mano frente a ellos para aligerar el destello de la luz. No cabía de asombro ante lo que veía, aquél brillo provenía del jardín como si fuera proyectado con tal fuerza que quisiera iluminar todo el cielo.
Sin poderlo entender veía que en cada objeto, cada ser viviente o cosa inerte se operaba cierta magia como si cada molécula vibrara de júbilo.
– Esto no puede ser, me decía una y otra vez a mi mismo.
– ¿Qué está sucediendo? Pensaba paralizado.
Ante aquel fenómeno desconocido mi cuerpo comenzó a temblar, mi garganta se cerraba a tal grado que apenas podía respirar, traté entonces de salir corriendo de la casa, pero algo me detenía , esa energía me movía hacía ella como si le dijera a mi corazón “ven acércate a mí” .
Decidí entonces no oponer resistencia y me dirigí al jardín a la vez que miraba como de aquel cuartucho salía esa extraña fuente luminosa, unas voces extrañas se escuchaban como susurros cuya intensidad fue subiendo cada vez más de tal manera que en un momento se convirtieron en cánticos de alabanza.
Algo inexplicable me empujó hacia el interior de ese cuarto, mi corazón latía con tal avidez que creía morir.
– Esto debe ser una pesadilla, pensaba.
– Tengo que despertar. Pero a la vez me daba cuenta que nunca antes había estado más consciente.
Al cruzar el umbral de la puerta todo mi ser se llenó de gozo y paz ante lo que mis sentidos presenciaban.
Aquella mujer llevaba en sus brazos a su hijo quien acababa de nacer y los cánticos se alzaban como queriendo decirle a todo el mundo tal acontecimiento.
– Dios te bendiga por habernos dado posada en esta noche de gloria. Me dijo con la mirada aquella mujer.
– ¿Quién eres tú?, le pregunté.
– Es la madre de quien ha venido a redimir al mundo, intervino el marido.
– No entiendo, esto no puede ser.
– Para Dios no hay tiempo ni espacio. No busques en la razón sino en tu corazón. Sólo abre tu fe en él.
Irrefrenablemente mis ojos se habían llenado de lágrimas, que brotaban de la esperanza, del amor y la ternura.
La mujer puso a la criatura en mis brazos y entonces fue como si tocara un pedacito de cielo. Mi condición humana no podía albergar mayor felicidad.
Cerré mis ojos queriendo comprender y asimilar toda esta serie de experiencias que se habían sucedido en tan poco tiempo.
Al abrirlos me encontraba recostado en el sofá y en el suelo estaban tirados los escritos que había estado revisando.
Mi boca estaba seca y me levanté al escritorio donde tenía un vaso de agua, al dar el primer trago recordé a aquellas personas a quienes había albergado y de un salto salí corriendo hacia el cuarto al otro lado del jardín.
Al abrir la puerta el eco vacío del rechinido me decía que nadie había en aquella habitación.
– ¿Todo habrá sido realmente un sueño o mientras dormía decidieron irse?
– Ay qué tonto soy, me decía una y otra vez, seguro me han robado mientras dormía. Encendí la vela y con dificultad fui escombrando las cosas de aquella bodega para ver si faltaba algo, de repente me tropecé con el catre que aún estaba caliente y tenía algo encima, dirigí entonces la luz para ver bien qué era lo que había en él, una rosa blanca era lo que quedaba sobre aquel catre, la tomé y un aroma que llenó de pureza todo el lugar me invadió.
– Entonces no fue un sueño. Sin pensarlo salí corriendo a la calle para ver si encontraba aún a aquella pareja tan especial, pero fue inútil no había rastro de ellos.
– Nadie me va a creer esto, me repetía mientras entraba a la casa.
Tomé los papeles que todavía se encontraban en el suelo y que me hacían volver a la cruda realidad, al revisarlos me di cuenta que al final de cada hoja había algo escrito que no correspondía a mi letra: “Dios nace todos los días en el corazón de quienes tienen fe en él”

Eduardo Sastrías

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EVOCÁNDOTE

Me tiré al pasto junto a tu lápida después de haber armado el pequeño árbol de navidad. A cada esfera me venían los recuerdos de tantos momentos y tantas charlas, las risas y las voces que tejieron tu historia…nuestra historia. Me quise aferrar al pasto como para abrazarte y sólo conseguí sollozar sobre la tierra que te cubre.
Esta ocasión he llevado a mis perritos y que me acompañaran para armar de navidad tu tumba, ¿sabes?, en su propia forma han rezado también por ti.
Una vez terminado de armar el arbolito y puestas las decoraciones me quede mirándolo como quien mira a la nada, se me antojaba adivinar quizá si dondequiera que estés lo estuvieras viendo y si te ha gustado, algunas frases te habré dicho cuando una voz me hizo salir de mi ensimismamiento – “él está feliz” me dijo una mujer que caminaba por el lugar como queriendo con sus pasos aferrarse a la idea de ese alguien que también se fue.
Yo sólo quise abrazar la tierra que te cubre y llorar por mi mismo, por las ilusiones vanas y por el frío de mi cuerpo, por la rutina que me agobia y el viento que corre y me dice que estoy solo, llorar porque se que tus bromas y nuestras risas ahora nada más pertenecen a mi memoria, llorar porque necesito sacar por mis ojos tantas ausencias que me calan y llorarme a este que soy.
Quiero dejar brotar el llanto entonces un poco, reír otro tanto y estar contigo bajo el sol escuchando la nada y tan sólo esperar…

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