EVOCÁNDOTE



Me tiré al pasto junto a tu lápida después de haber armado el pequeño árbol de navidad. A cada esfera me venían los recuerdos de tantos momentos y tantas charlas, las risas y las voces que tejieron tu historia…nuestra historia. Me quise aferrar al pasto como para abrazarte y sólo conseguí sollozar sobre la tierra que te cubre.
Esta ocasión he llevado a mis perritos y que me acompañaran para armar de navidad tu tumba, ¿sabes?, en su propia forma han rezado también por ti.
Una vez terminado de armar el arbolito y puestas las decoraciones me quede mirándolo como quien mira a la nada, se me antojaba adivinar quizá si dondequiera que estés lo estuvieras viendo y si te ha gustado, algunas frases te habré dicho cuando una voz me hizo salir de mi ensimismamiento – “él está feliz” me dijo una mujer que caminaba por el lugar como queriendo con sus pasos aferrarse a la idea de ese alguien que también se fue.
Yo sólo quise abrazar la tierra que te cubre y llorar por mi mismo, por las ilusiones vanas y por el frío de mi cuerpo, por la rutina que me agobia y el viento que corre y me dice que estoy solo, llorar porque se que tus bromas y nuestras risas ahora nada más pertenecen a mi memoria, llorar porque necesito sacar por mis ojos tantas ausencias que me calan y llorarme a este que soy.
Quiero dejar brotar el llanto entonces un poco, reír otro tanto y estar contigo bajo el sol escuchando la nada y tan sólo esperar…

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Archivado bajo Epistolar, muerte

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