DOS MIL DOCE


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Dos mil doce… un país dividido, fragmentado y desmembrado al igual que los miles de cuerpos caídos en una guerra sin nombre, un país que en el juego del maratón democrático le ha ganado la ignorancia. Dos mil doce, la historia quedó en el olvido y creyéndose la frase de ver hacia el futuro se perdieron los recuerdos y la experiencia. Dos mil doce será el inicio de un nuevo sol que sólo alumbrará a algunos cuantos. Dos mil doce, año en el que es patente la esclavitud de un pueblo, rendido ante las telenovelas, el consumismo superfluo, el futbol, y el ruido.

México ya no es ni la sombra de aquél país lleno de gente que quería  una nación libre y soberana, que estaba lleno de color, que cantaba y bailaba sones, jarabes y jaranas, no es el que se levantaba ante la injusticia; hoy es un país dividido, ensangrentado, y que ha buscado una salida falsa en una ventana televisiva de la que ha mamado por tantos y tantos años. Es un pueblo que no lee y no sólo no lee, sino que no asimila la historia ni la experiencia. Es un pueblo que todo lo olvida, prefiere olvidar a perdonar, prefiere olvidar a comprometerse y asumirse como tal. México es el pueblo de la amnesia, el que poco a poco ha ido muriendo sin darse cuenta, acostumbrándose a su dosis letal.

Mi luto es por este país y este luto es difícil quitarlo de mi corazón.

Sólo una revolución y no necesariamente armada, sino de pensamiento que se traduzcan en obras, es lo que podría salvar a este país de ser entregado a unas cuantas manos, una revolución interna en cada uno de los que habitamos este hermoso país es imperante, ya que no es en el color de los partidos donde se gestan los corruptos, ni los asesinos, ni los criminarles, sino en el seno de cada uno de los hogares de  este México nuestro. Un país que ya muestra síntomas de una grave y crónica  enfermedad político- social.

La cura es esa revolución desde adentro que permita salvar a  que este país  caiga en las manos de un narcogobierno y que  sus instituciones sólo sirvan para lavar dinero enriqueciendo  ilícitamente a  unos cuantos y  dejar al pueblo como simple espectador del  circo del emperador, deslumbrándolo con “espejitos”.

Ahora bien, supongamos que se invalidaran las elecciones del  uno de julio  del dos mil doce y que se convocara a una segunda vuelta, la pregunta es qué pasaría con “los comprados”, ¿cambiarían su voto o estarían a la espera de una nueva oferta?, ¿se haría un proceso limpio y transparente?, ¿aumentaría o disminuiría el número de votantes? , ¿seguiría la incertidumbre, la indiferencia, el “me vale” ó el “ashh  nacos revoltosos “ó el “ni modo” ?, ¿se implementarían nuevas reglas del juego? O bien cada mexicano que votara estaría  aún más influenciado del entorno mediático, sería víctima del pánico electoral rodeado de rumores apocalípticos o paradójicamente se abstendría de votar  aún los múltiples reclamos. Supongamos que se invalidaran las elecciones del uno  de julio del dos mil doce, cualquier cosa podría pasar, porque en este México del uno de julio del dos mil doce  lo que sí ha quedado demostrado  es que cualquier cosa puede pasar, inclusive que el menos popular gane unas elecciones.

Cuál es entonces el camino para el México del dos mil doce, me atrevería  a decir que el camino aún está por hacerse y  reinventarse.

Eduardo Sastrías

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