Archivo mensual: octubre 2012

CON “M” DE MUERTE

Hace un par de años, por estas mismas fechas, escribí  un artículo que considero aún vigente y que  en su momento fue intitulado “Día de muertos en un país de muertos” (https://complicidades.wordpress.com/2010/10/31/dia-de-muertos-en-un-pais-de-muertos/) , hoy hago referencia al mismo  en cuanto a que nuestra patria sigue siendo un país de muertos y desaparecidos, donde incluso a últimas fechas hasta los cadáveres también tienden a desaparecer  para regresar casi bíblicamente, eso sí, sin la magia de ser resucitados, pero  arregladitos con otra fisonomía como si tal regreso al mundo de los vivos o ¿vivales? obrara algunos cambios en el muertito, otros miles no han corrido con la misma suerte, se quedaron igual de bonitos o feos y tan sólo se les ha dado por desaparecidos suponiendo su trágica muerte. Es así que hay tantos y tantos cadáveres que retozan en este festín de una guerra que se salió de control, si es que alguna vez lo tuvo.

México el país de los muertos vivientes, esos que sin saberlo ya son esclavos y que van a trabajar soportando una Reforma Laboral que dejará sus ahorros, sus esperanzas, su antigüedad, sus prestaciones, su seguridad más muertos que vivos.  Otros que sueñan con una vida quimérica mientras cobijan una banca de escuela, universidad o centro educativo, donde la educación también ha muerto y la mente,  cual sarcófago, se ha  cerrado,  para darle paso a alegres calificaciones y grados académicos sin casi ningún sustento más que el “cliente tiene la razón” y que sumarán los tantos egresados  a la otra vida, la improductiva que los enfrentará  a las raquíticas y  agonizantes oportunidades de empleo.

El otrora país dicharachero ve un idioma agonizante que se funde en los monosílabos  y  las “k’s”  de jóvenes cerebros atrapados en una realidad virtual de un teléfono celular curiosamente llamado “inteligente”, aclaro el teléfono no el propietario,  y que nada tiene que ver con la cruda y cotidiana realidad.

México, el reino del nunca jamás,  encerrado en un set de televisión  que mató a su incipiente democracia y no le interesa resucitar sino al ancestral opresor que lo tuvo secuestrado por más de  setenta años y hoy sufre de una especie de “Síndrome de Estocolmo” que lo arroja de nuevo a sus brazos . El país de un día (el de las madres, del niño, del padre, de la mujer, etc.)  en  el que las vidas del pueblo son deshechas y hechizadas  por una telenovela que habla de un sueño de oropel digno de la más vulgar de las muertes, la del respeto.

México, un pueblo que vive enlutado por la muerte de su identidad  y soberanía, una nación que pertenece sólo a algunos y es un espectro  para millones, donde la justicia es palabra más que muerta para el grosor de la población  y la balanza sólo se inclina a favor de los poderosos y opulentos.

México, la nación que llora ante la tumba donde yacen los restos  del alma, la dignidad y la esperanza de cada mexicano honesto y decente que fueron vendidas por treinta monedas de plata y que no alcanzaron para remediar la desesperanza de un país.

México, hoy un país sin huevos,  por lo caro que ya están.  Un país de  132 voces que gritan ¿por gritar? y millones que callan ¿por callar? encerrados  cada uno en su propio mundo, divididos y vencidos.

México el país suicida que para muchos  no les ha quedado sino creer que  es mejor estar muerto  que vivo en  este infierno,  creyendo el  supuesto de que al menos la otra vida será mejor.

México el país asesino que mata sus bosques, sus ríos, su flora y fauna en favor de unas cuantas constructoras; ese que fabrica los sabores y los olores y ha oscurecido sus colores.  

Un lugar donde el terror no es producto de la fantasía ni de un montaje “joligudense”  sino una realidad diaria para miles y miles y…miles de familias que cual avestruces meten la cabeza en la caja idiota y  se entregan devotamente ante la señal televisiva de la “Rosa de Guadalupe”, “Por Ella Soy Eva” o la telenovelucha en turno que opere la magia narcótica de sacarlos de tan triste realidad, sumiéndolos en el falso valor de las cosas y de la vida, postrándolos ante el hedonismo  y  el consumismo, amputando de un tajo su arraigado ingenio, valor y entereza,  esos  mismos que les darían la posibilidad de asumir su responsabilidad, un lugar en la sociedad  y así sumarse  a los recursos sociales, culturales políticos y económicos  que los transformarían en  ser dueños de sí mismos y de una nación, abandonando la triste y “cómoda” costumbre que otros decidan por ellos.  

Un país donde los sueños se venden, y la realidad se ha convertido en pesadilla, donde la soberbia y la petulancia intentan superar al conocimiento siendo la ignorancia la invencible ganadora en favor de los poderosos y dueños de  las grandes empresas fabricantes  de artículos, autos y demás productos que prometen el idílico “estatus” ofertado mediante sangrantes tarjetas de crédito.

Un país que ha preferido olvidar su historia y que se ha entregado con sumisión ante la voluntad ajena y  ha perdido el rumbo de  su horizonte confundiendo  la esperanza con la mentira.

Un país que vive sumido en el silencio del terror en medio  de una esquizofrenia  que le hace reír cuando es momento de llorar y llorar cuando es momento de reír.

 

Eduardo Sastrías Bordes

7 comentarios

Archivado bajo muerte