Archivo mensual: junio 2013

APOLOGÍA DEL SUEÑO

Esta adicción que me provocas,
con desespero vivo lejos de ti las horas locas…
 ¡Oh! Ansiado sueño que me renueva
custodiado por su luna
a tus brazos corro esta noche
que eterna imploro así sea.
Y este abandono en que me tienes durante la vigilia
me hace pensar como la santa
quien dijo que muero porque no muero.
Si lejos de tu cobijo me encuentro
¡Oh! anhelado sueño esta noche espero verte solo mío
Por ti imploro
sueño mío cuando
el flagelo de esta mazmorra
lejos de ti me arroja
 yo suspiro lleno de congoja
pues a  ti presto estoy
de regresar a la modorra
Tus dulces ecos escucho
tan pronto mis ojos cierro
mas de un fuerte chingadazo
a la vil realidad me regresa
el golpetear de una engrapadora
cargada  de  ineptitud
postrándome en esta esclavitud
Hay en mi mente tal delirio
si este cuerpo goza ya de beatitud
será a  causa de tanto martirio
pues  la chusma me devora con prontitud
o acaso compartir la vigilia con una arpía
quien de lástima vive  cada día
A tus huestes yo me rindo amado mío
es ahí donde yo en verdad moro
pues sólo encuentro en ti el decoro
recógeme de nuevo esta noche
y detén la aurora con tu reproche.

Eduardo Sastrías 
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PENUMBRA

La vela cerró sus ojos,
sin dilación la afilada negrura,
cual vil guillotina, cortó de tajo la historia 
brotando un sangrante antes y el ahora.
Quien se muere, se muere y nada más,
el recuerdo y la costumbre nunca fenecen.
Mala jugada la de la vida
sucumbe ante las garras de la muerte.
Sonatas, sinfonías y réquiems,
colman las partituras de una explicación no pedida.
Las flores envuelven la tragedia con dulces aromas,
agrios hedores pronto serán.
Todo se nos da y todo se nos arrebata.
Lo que hoy es alegría mañana llanto será.
¡Oh! este  pasar es la cruel circunstancia.
El eco de las campanadas anuncia
al tiempo que en su locura todo lo cura.
Eduardo Sastrías 

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EL ACREEDOR DEL PASADO


El presente análisis  se desprende de información recibida de forma oral, así como epistolar, periodística y de investigación.  Nunca se trata de un trabajo de investigación sino tan sólo pretende formular una hipótesis de las tantas dirigidas a  explicar el fenómeno de “las mujeres de Juárez”, un fenómeno que desafortunadamente ya no es privativo de esa ciudad y región sino una sombra que va cubriendo a gran parte de este enlutado y jodido país llamado México.
Hace alrededor de 30 años a raíz de la crisis económica y devaluación sistemática del peso  comenzó la tercera etapa de mayor auge de las maquiladoras en las ciudades fronterizas de la República Mexicana en especial Cd. Juárez y Matamoros captando del año 1980( 39,402 trabajadores)  a 1999 (218,630 trabajadores) 45% hombres y 55% mujeres  *. La supuesta apertura económica y el sueño de todo mexicano  parecían vislumbrar la solución para tener una vida mejor y salir de la pobreza.
El incremento de maquiladoras  que desde 1966 se comenzaron a establecer en la frontera mexicana, prometía mano de obra barata y trabajo para tantos mexicanos sumidos en una crisis de económica que bien podría desencadenar en una crisis política derivada de las administraciones irresponsables que se fueron sucediendo desde 1971.
Las zonas menos privilegiadas del país como son Oaxaca, Chiapas y algunas partes de  la sierra  de Puebla, vieron con buenos ojos emigrar al norte para encontrar una mejor oportunidad de vida.
Hombres y mujeres  muy jóvenes sin mayor arraigo emprendieron entonces el camino hacia las latitudes del norte de México.
Si bien venían de comunidades tradicionalistas, cerradas y sometidas a la ley por la ley, donde lo bueno es lo que dicta el cura y lo malo también. Al salir de semejante mundo se enfrentaron con una realidad nunca antes vista ni soñada para ellos. La diversidad de gente, el enfrentarse a un entorno laboral no artesanal sino industrial y la consabida remuneración nunca antes soñada por ellos les deslumbró.
Pero más les deslumbró la libertad, esa de hacer lo que bien les venga en gana  no sólo en sus momentos de ocio sino de pensamiento.
Mujeres de apenas de entre 16 y 30 años de edad  con toda la carga hormonal y llena de estímulos desencadenaron una serie de experiencias que en sus lugares de origen nunca hubieran siquiera pensado, necesitadas de apoyo y de cariño.
Ellos a su vez vieron la oportunidad de tener carne fresca todos los días y en el momento en que su calentura hormonal se los demandara y desarrollaron la violencia sexual como una actividad cotidiana e impune.
Estar lejos del núcleo  familiar y de la estructura social de sus pequeñas comunidades, desencadenó sentimientos encontrados por un lado el extrañamiento y por otro la emoción ante la novedad.
Este grupo de personas se establecieron hacinados en viviendas o cuartos de acuerdo a como iban llegando y se iban acomodando.
El sexo  antes vetado y desconocido para ellos y ellas entonces se volvió algo habitual y una expresión de rebeldía así como un grito  perdido de autoafirmación. En dichas fábricas ellos y ellas se las arreglaban para tener sexo (oral, anal, vaginal) en los baños, detrás del matorral, o donde se les ocurriera.
Esa generación de casi niños engendró muchos, muchos niños que no podían cuidar, que tenían que quedarse en el mejor de los casos en una guardería comunal o al cuidado de alguna mujer  que estaba más interesada por la paga que por el cuidado de los niños.
Niños que crecen viendo como su madre se entrega a cualquier hombre en medio del alcohol y la droga, niños que no saben a ciencia cierta quiénes son en realidad y  como enfrentarse a un mundo hostil, vulgar, y lleno de ignorancia  (sexo-rezos-veladoras-sexo) Mujeres que después quedan abandonadas y sin poder responder a las responsabilidades del trabajo y de los hijos engendrados en una borrachera, un baño público o un auto abandonado.
Qué clase de seres puede producir un entorno que desde su gestación ha estado viciado de violencia, resentimiento, miedos, ignorancia, remordimiento.
Qué ha sido de esos niños que hoy por hoy tienen 15, 20, 25, 30 años  y son parte de grupos criminales que trafican droga, secuestran y usan a las mujeres que una vez fueron sus propias madres como “mulas” para pasar droga y desaparecerlas, el silencio de las fosas comunes cegará cualquier testimonio, o bien para repetir el esquema de odio violarlas (recordemos que la violación es un acto de poder no sexual) , matarlas y desaparecerlas como un signo de borrar aquella imagen  “materna” primigenia.
Las muertas de Juárez son las víctimas de su propia historia y circunstancia, son las víctimas de los hijos que engendraron sin haberlo siquiera imaginado.
Las muertas de Juárez son la punta del iceberg detrás de un sistema de mafias que van desde los cuellos blancos en Washington hasta las narcotienditas de la región cuya materia prima es el genocidio misógino que desecha a ellas las llamadas “mujeres de juárez”
México carga la vergüenza de ser un país que no cuida a sus niños y que somete a sus mujeres física, económica y políticamente (una mujer = un voto)
Antes de buscar y buscar a los asesinos de las mujeres de Juárez, habrá que poner todo el contexto social, económico y político de la historia sobre la mesa para poder esclarecer una tragedia que se originó hace poco más de 30 años.
Eduardo Sastrías
*Globalización, trabajo y maquilas: las nuevas y viejas fronteras en México
 edited by María Eugenía de la O, Cirilia Quintero Ramírez

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