Archivo mensual: junio 2014

ROJO

Rojo es el último de los tres colores de la trilogía de Krzysztof Kieślowski  que simboliza “La fraternidad”.
Un color vivo, potente, agresivo, llamativo. Se asocia a veces con el amor, a veces con el sexo, a veces con la sangre, a veces con la carne, con la comida. Es por lo tanto, un color que llama a nuestra parte más instintiva.
Valentine, una joven estudiante que se gana la vida como modelo, salva la vida de un perro hembra llamada “Rita” atropellado por un coche. La búsqueda de su dueño la conduce a un juez jubilado que tiene una extraña obsesión: escuchar las conversaciones telefónicas de sus vecinos. Si antes el espionaje telefónico formaba parte de su trabajo, ahora se ha convertido en un vicio. A Valentine le desagrada la conducta del hombre, pero no puede evitar ir a verlo, la amistad de Valentine y el juez encierran aquella solidaridad y FRATERNIDAD que tanto se ha perdido en éste un mundo tan egoísta. 
Las obsesiones, la soledad, el desengaño, el azar, los juegos del destino, las ilusiones en sus distintas etapas son los hilos de la trama puestos en un gran tablero que el alterego del mismo Krzysztof Kieślowski en la persona del Juez pareciera manejar con gran maestría.
Es así  que  Kieślowski hace patentes lo público  y lo privado manipulando al  mismo al espectador como cómplice de las conversaciones  telefónicas de extraños, diría Buda “ hay tres cosas que no se pueden ocultar, el sol, la luna y la verdad”  y para Kieślowski la verdad es como la humedad que se va permeando hasta salir y ver el rojo sol que deslumbra como un foco incandescente que requiere de la pantalla para no deslumbrar.
En las tres entregas aparece una persona mayor tirando un frasco de vidrio a un contenedor de reciclaje. En Azul el personaje de Julie observa la situación y pasa olímpicamente, siendo coherente con su estado de ánimo. En Blanco el personaje de Karol sonríe, pero continúa sin hacer nada al respecto. Sólo en Rojo el personaje de Irène Jacob ayuda al anciano en su cometido, uno de otro de los tantos símbolos de  Kieślowski  para anunciar el cierre de la trilogía. Las tres actitudes cuadran perfectamente con la evolución que sigue la trilogía y podemos considerar las historias de “los ancianos del reciclaje” como una pequeña trilogía dentro de la otra.
Las relaciones dependientes y tóxicas son expuestas ante los ojos y oídos del “vouyer” quien es el detonador de la verdad.
Valentine por su parte tiene la costumbre de jugar diario al azar no como una actividad lúdica sino como un ritual adivinatorio, que bien puede comprenderse bajo el parámetro del dicho “afortunado en el juego desafortunado en el amor”.
Kieślowski nos muestra un profundo análisis sobre la fragilidad de los sueños y las quimeras, sobre lo quebradizo que es el mundo que construimos en torno a nosotros bajo las premisas de la ceguera, la vanidad y la soberbia que nos impiden prepararnos para la caída, y sobre la suerte y las casualidades que tienen a bien jugar con nosotros.
Nada hay seguro. Todo para llegar a la conclusión de que somos piezas en el gran tablero de este universo fascinante, en el que todo se renueva y se repite cíclicamente: las alegrías, los triunfos, las tristezas, las tragedias, las desilusiones, los errores y los fracasos.
Al final de Tres Colores: Rojo, cierra con los supervivientes del  accidente marítimo aparecen Juliette Binoche y Benoît Régent, los protagonistas de Tres colores: Azul, y Julie Delpy y Zbigniew Zamachowski, los protagonistas de “Tres Colores”: Blanco. Su presencia junto con los protagonistas de Rojo Irène Jacob  y Jean- Pierre Lorit  está justificada para cuadrar como un solo argumento toda la trilogía que cierra en un final como la muestra de que el amor les salva de la deriva de la sociedad, simbolizada en el hundimiento del barco.
                                                Eduardo Sastrías

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BLANCO


Karol (Zbigniew Zamachowski)  un peluquero polaco impotente  que es demandado en divorcio por su esposa bajo la causal de no haberse consumado el matrimonio. Él perdidamente enamorado de ella queda devastado y a raíz del divorcio pierde todo lo que tiene.
Es el blanco del vestido de novia, del arroz, y de la misma paloma que ensucia su gabardina, del polvo de sus zapatos que arrastra toda una historia sin color.
Él ni siquiera habla con fluidez el francés por lo que durante el juicio de divorcio requiere de un traductor, y pregunta ¿Dónde está la igualdad?  . Su próximo destino será la calle donde su miseria se ve a través de un anciano quien quiere depositar un bote en un contenedor de basura, al igual que en “Azul” sucedió con la anciana que quería depositar con mucho trabajo esa botella en el contenedor justo en el momento de más vulnerabilidad de los personaje principales de esta trilogía, una metáfora entre tantas  de la simbología de Krzysztof Kieslowski que nos habla de la dificultad al tirar una vida vacía para poder redefinir una nueva más intensa y contrastante.
 El inclemente frío lo obliga a irrumpir en lo que fuera su antigua peluquería de donde lo corre Dominique (Julie Delpy), la  despechada esposa, no le queda sino  estar echado en el piso del metro de París, tocando con un papel una melodía polaca, una melodía que le cambiará la vida, al conocer a su próximo benefactor otro polaco quien también ha tenido una vida sin color y que prefiere morir en manos de algún asesino a sueldo. Impotencia y cobardía son dos temas que se encuentran en un mismo techo del metro de París acompañados por algunos acordes que recuerdan aquel “Azul”.
La vida de Karol lo lleva de regreso a su amada Polonia como quien regresara al vientre materno donde se reestructura ese YO que va creciendo hasta vencer aquella impotencia que sólo había sido el efecto de anularse  a sí mismo ante la exaltación de la belleza de Dominique.  
El Blanco de la venganza que da la vuelta a la ruleta de las vidas de Karol y Dominique, que no consigue sino finalmente dejarlos en igualdad de circunstancias.

                                          Eduardo Sastrías 

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BAJO LA MISMA ESTRELLA

De la novela escrita por John Green y publicada en enero de dos mil doce cuyo título fue inspirado por la famosa frase de la obra Julio César de Shakespeare cuando Casio le dice a Bruto «¡La culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos, que consentimos en ser inferiores”.
Dirigida por Josh Boone, con guion de Scott Neustadter y Michael H. Weber. Es protagonizada por Shailene Woodley y Ansel Elgort.
La historia al principio pudiera parecer una simple y trillada historia de amor, esa que siempre trae a colación  un obstáculo para los enamorados, el reto o la desgracia de un amor, en este caso el cáncer. Dos jóvenes de diecinueve años  que atraen al espectador por su belleza, así como la destreza  de la fotografía, viviendo una vida un tanto desahogada para recibir todo tipo de intervenciones médicas, en hospitales donde no falta nada, donde son  atendidos con respeto y dignidad. Un par de jóvenes con lo que podría ser una vida de encanto si no tuvieran al malévolo inquilino en sus cuerpos.
Padecer una enfermedad crónico- degenerativa (cáncer, sida, diabetes, lupus, etc.) convierte  a quien la padece en un ser que forzosamente enfrenta la vida como un reto diario, el reto de seguir vivo y luchar contra las adversidades de los protocolos, los medicamentos, las quimioterapias, el deterioro, la depresión, los obstáculos físicos y emocionales,  los efectos colaterales todo ante la mirada soberbia de los “sanos”, aquellos que por tener la dicha de ser saludables creen merecer el grado de dueños del mundo, señores del miedo.
Sobrellevar una enfermedad crónico-degenerativa hace ver la eternidad que hay en un instante, en ese mismo instante en que el cuerpo da cierta paz ante los embates.
Bajo la Misma Estrella, nos habla de dos jóvenes, muy jóvenes que encuentran el amor bajo la misma circunstancia, no sólo ese amor romántico del uno con el otro sino el amor a sí mismos, a sus retos, a la vida misma que ellos han creado. Una vida vista desde el otro lado de un espejo donde la palabra “Ok”  se dice cuando nada está bien, “siempre” cuando la verdad es que será nunca, vivir con el enemigo es convertirse en su aliado.
El sentir recobra su verdadero significado desde lo más profundo del ser  que se traduce en un lenguaje totalmente extraño para un mundo frío,ahora ya demasiado virtual y lleno de miedo que no quiere disfrutar la vida y las pequeñas cosas que ésta le brinda.
Sin duda el dolor deja secuelas y a la vez da una  gran enseñanza, el dolor hace un lado al dolor.
Esta película se desarrolla en medio de dos temas que atañen a cualquier ser humano, el  olvido  como una manera de morir, alguien muere hasta que es olvidado, y el miedo como el enemigo a vencer.  Sin embargo toca de una manera muy sutil a cada espectador en ésas, sus propias carencias. 
                                               Eduardo Sastrías 

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AZUL

De la trilogía del director Krzysztof Kieślowski  director también de “El decálogo”  serie de  gran interés e innovación  por la manera de hacer la secuencia “el decálogo”  (diez películas que nos invitan a reflexionar sobre la complejidad de la condición humana y su relación ante los mandatos.)
Azul, blanco y rojo  los colores de la bandera francesa y las premisas de la revolución francesa (libertad, igualdad y fraternidad) conforman este trilogía en la que cada color representa el tema de la historia con una buena carga emocional y psicológica.
 Azul se cataloga dentro del género de “drama”, el color azul dependiendo sus  gamas representa  lo tranquilo, profundo, que transmite seguridad, firmeza, solidez, templanza. El azul oscuro se asocia con el fondo del océano, con lo profundo, es por lo tanto, dentro de las gamas del azul, el más misterioso, pero al mismo tiempo, transmitiendo igualmente seriedad y solidez. Así mismo está asociado con el retraimiento de la tristeza, el azul es una pena profunda un tanto silenciosa en contraste con el rojo explosivo.
La música de la película  https://www.youtube.com/watch?v=jJetkmTWxQc  es el alma de la trama, una sinfonía que se va escribiendo como la vida misma  con sus cortes y sus errores y sus correcciones.  En esta vida de pérdidas donde la ganancia es el encontrarse solo con uno mismo.
Azul y los objetos que lo componen en esta sinfonía de tonalidades y de emociones tan profundas como la misma verdad.
Los símbolos en toda la obra de  Krzysztof Kieślowski son de relevante impacto e importancia, silencios que hablan de una soledad, agua que purifica, ratas escondidas en algún cuarto del olvido, todo en este proceso de la tristeza per sé  que nos lleva a entornos y situaciones nunca antes vividos, la tristeza también es un motor de búsqueda, de esa vida perdida, por el tiempo, por la idea del amor… por la música.  

Eduardo Sastrías 

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DESDE EL BALCÓN

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9 junio, 2014 · 5:56 pm

MALÉFICA

El día de hoy me fui a la matiné a ver la película Maléfica, muy a gusto sin bolas y a mitad de precio, seguro habrá muchas opiniones encontradas al respecto de esta película y muchas con fundamento de tanto erudito feisbuquero del séptimo arte, a lo que yo me ceñiré  es a dar mi muy propia y humilde opinión de la misma.
Resultó innovador que la historia (leyenda) original fuera tratada en esta película de una manera donde la mala del cuento resulta que no lo es tanto, y eso a algunas consciencias defensoras de las leyendas y ávidas mentes siempre seducidas ( y hasta proyectadas) por mujeres “malditas” les pudiera parecer algo incongruente y hasta mediocre, sin embargo para mí fue refrescante viajar entre las emociones del desamor, la traición, el engaño , la avaricia y el egoísmo a las del mundo de la paz, la belleza y la bondad. Para males y malos ya tenemos a diario toda una gama de historias relatadas en los noticiarios, el periódico y las redes sociales. En este país hay una gran “Maléfica” que sí es mala pero mala de a de veras que es sin duda la política económica y social que han engendrado una serie de demonios llamados, desempleo, recesión, crimen, pobreza y hambre, entre otros.
Maléfica es una mujer mala con unos atisbos de bondad o una buena con unos atisbos de maldad, se los dejo de tarea. Lo que sí no es la buena estúpida ni la mala neurótica.
Una Angelina Jolie que maneja con gran maestría el lenguaje corporal versus el raquítico guion de un cuento de todos ya conocido hasta la saciedad.
Y es así que los matices de voz, el arqueo de ceja, el abrir los ojos con chispas de lujuria o el internarse en sí misma en un duelo y dolor hacen de su actuación única.
La película habla de una versión alterna de la leyenda, que se remite a una historia eminentemente femenina, que habla del engaño, de la torpeza, de la infatuación y del amor ese que permanece aún las vicisitudes en algún lugar recóndito del corazón, “el verdadero amor”.
El personaje del “cuervo” sin duda atractivo y el equilibrio perfecto de Maléfica, el otro posible “verdadero amor” y que seguro después del final será el único y verdadero amor para Maléfica.
Aurora pues no más allá de un grado después del “sin chiste” que acabará con un príncipe tirándole a princeso y que habla de una generación joven e igualmente sosa cuya verdadera historia la podremos leer o ver dentro de treinta años cuando alguien nos platique qué sucedió con Aurora y su príncipe de pastelito azucarado. En fin eso será otra historia interesante de escribir y de contar.
Maléfica, una película sin duda que habla de vicios que aún permanecen enquistados en el ser humano como es el hambre de poder por el poder, el despecho, la venganza y el engaño entre otras lacres humanas que es donde en verdad reside la maldad.Claro es también que quien te traiciona una vez te traiciona siempre. Una película donde a mi punto de vista el mal y la mala  no necesariamente son recíprocos.
                                              Eduardo Sastrías

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