Horizonte


Los elefantes impávidos pasan ante el ladrido de los perros, no llevan prisa, todo lo saben y todo lo esperan, el tiempo no es su amo sino su sirviente.

Debajo de la árida tierra se encuentra un magnífico tesoro, joyas y coronas de oro lo conforman, perteneció, dice la leyenda, a un Rajá, en sus días de gloria se dio a la tarea de enterrar toda sus riquezas  como un símbolo de humildad, con ello quiso dar como lección a sus herederos que en lo más profundo de nuestro ser es donde radica el verdadero tesoro.

El sol nace como un ojo que todo lo ve, el cielo ha rayado un pentagrama de nubes para la sinfonía del amanecer.

Los elefantes siguen su camino, atrás ha quedado el ladrido de los perros y el polvo de la aldea. El horizonte camina con ellos, es su compañero de viaje, un día cada uno de los elefantes habrá terminado su tránsito por el mundo conocido, truenos y lluvia marcarán el duelo del horizonte,  sabiendo que él seguirá existiendo y vistiéndose de diferentes colores mientras el  mundo siga su incesante rotación.

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