Archivo de la categoría: Navidad

UNA NAVIDAD PERDIDA

UNA NAVIDAD PERDIDA

Deja un comentario

5 enero, 2014 · 4:31 pm

HOSANNA EN EL CIELO

HOSANNA EN EL CIELO

Deja un comentario

24 diciembre, 2013 · 5:05 pm

QUERIDO SANTA 22 DE DIC 2013

Mira nomás la fecha en que te estoy enviando mi cartita, pero tampoco me la hagas mucho de tos porque el regalo que te pedí la navidad pasada, tardó casi diez meses en llegar, no sé qué problema sindical tienes con tu empresa de paquetería o si estabas muy ocupado  con este asunto de ver qué tajada sacas con la Reforma Energética de mi extinto país.  Mira que diez meses, ya ni me acordaba qué te había pedido, la anestesia de la mediocridad y las jornadas de casi catorce horas diarias me tenían ya como zombie , sí de esos que están de moda, y que al parecer habitan  todo el planeta sin chistar ante tanta injusticia, desigualdad  e inequidad.
En fin, debo agradecer de cualquier manera los huevitos que me mandaste y que me dieron el “empuje”  para salir de aquella mazmorra que por casi catorce años me tuvo cautivo.
Espero te haya gustado la botella de “Buchanans  12” que te dejé junto con una pierna de jamón serrano , como entonces había aguinaldo y bono pues todo se me fue en tu regalo, la próxima vez te lo dejo junto a los conejitos de pascua para que veas lo que se siente estar esperando un  puto regalo.
Bueno, dejémonos de reclamos, no te voy a repetir que he sido un niño bueno, porque para los estándares de este país soy un niño muy, muy malo, imagínate irme a meter al zócalo a apoyar a AMLO en defensa del petróleo de nuestro difunto país, eso es sólo de nacos, huevones, indios y demás sustantivos  tan pícaros que por más que intentan ser ofensivos resultan un tanto cómicos, sobretodo viniendo de quien los dice. En fin que para “ellos” he sido un niño muy malo, yo con eso que veo que andas siempre de rojo igual supongo que me comprendes, pues me imagino que has de ser “rojillo” , y quizá te tilden como a mí  de izquierdoso, pero  mejor no nos metemos en honduras ya que entre izquierdoso, zurdo , torcido, raro , jotito, puñal, qüina, las palabras van degenerando de una posición política a una sexual.  Así que  en cuestión de lateralidades  será mejor no meternos.
Bueno a lo que vamos, porque seguro eres una persona muy ocupada para andar leyendo mis ocurrencias.
Este año te quiero pedir un País, sí como lo lees, UN PAÍS, ya que del que tenía, no queda nada, a pasos agigantados este año se han repartido lo que quedaba de él.  No hagas mucho ruido con tus risotadas y expresiones de tan mal gusto, por favor,  vas a despertar a la bola de tarugos que andan adormilados con el Fút y las Telenovelas, segurito que te pidieron un balón  y un boleto de esos de a miles de meses de crédito para ir al Brasil al mentado mundial de fútbol o una mega pantalla para ver la boda de la protagonista de la telenovela de moda, así que ni los muevas, ellos no saben aún que no tienen país tampoco.
Y como siempre te gusta dar un pilón de regalo pues aparte de que me des un país, también te quiero pedir algo que está un tanto cañón encontrar, pero pues  no pierdo nada con hacer mi petición, ya sé que si no llega para navidad, igual pasa como mi regalo del año pasado que llegó casi diez meses después. Es así que también te quiero pedir un amor, sí mi querido Santa , no te rías, no seas pinche gordo burlón, hasta pareces poblano ,también yo tengo mi corazoncito; yo sé que el tuyo lo aquietas con whisky  sin embargo ya ves que yo soy muy sano y no me meto cosas , (bueno de eso luego hablamos como dicen los mocosos de ahora, en “inbox”)  pero a lo que iba es que si por ahí encuentras en tu recorrido de tiendas, fábricas, deshuesaderos, museos, recicladoras, o de plano en una maquila de productos chinos , un “amor”, pues te lo voy a agradecer.  Nomás no me vayas a salir con la jalada de un muñeco de plástico, ni de Pimpón, que es un muñeco muy guapo y de cartón, no mames, ¿eh? Desde ahorita te lo digo, te lo regreso por UPS  (Úntatelo-Pinche- Santa).
Ya no te quito tu precioso tiempo, seguro te estás echando un brandy y yo con mis pendejadas.  Quedo en espera de mis regalos, como dicen en el pinche gobierno:  “En tiempo y forma”, conste cabroncito.
Atte.
El niño Lalo 

1 comentario

Archivado bajo Epistolar, Navidad

A CHRISTMAS INFORMANT

A CHRISTMAS INFORMANT
( LA RE-NATIVIDAD)
Nosotros nunca seremos testigos del fin del mundo. El mundo será testigo de nuestro propio fin.
El tiempo parece irse hoy en día más rápido , algunos dicen que es la sensación de quienes ya tenemos cierta edad, mientras que a los niños  se les hace eterno el momento en que llegue la navidad. Otros indican que la velocidad de rotación  la tierra sobre su eje ha aumentado y que de acuerdo a las ondas Schumann  éstas han variado en estos últimos seis años de 7.8 Hz. a  12 Hz., haciendo que las horas aún cuando cuentan sesenta minutos realmente son de cuarenta, teniendo así días de  dieciséis horas en lugar de  veinticuatro, por lo que los meses y años parecen correr en una galopada desesperante queriendo recuperar  lo que les ha sido quitado.
El caso es que ya la navidad está de nuevo a la vuelta de la esquina, los grandes almacenes se visten de luces y esferas  para atraer con su mágica mercadotecnia al incauto cliente para que por medio de sus tarjetas de crédito viva la ilusión de la navidad y la consecuente desilusión que le reportará el  alto pago de las mismas durante los meses posteriores.
Mi mente divaga sobre la relatividad del tiempo y el espacio quizá como una defensa para no caer en el estrés y pánico porque el día de mañana tengo que entregar a primera hora en la editorial del periódico un cuento navideño para  el suplemento dominical  y resulta que  yo sigo sin tener la menor idea de qué escribir para este año, año que según las profecías mayas predicen el fin del mundo para el solsticio de invierno o sea el veintiuno de diciembre.
Tomé mi bolígrafo y comencé a escribir frases sueltas: “Qué tal si las  tan mentadas profecías fueran ciertas, y el hombre miope de miedo siguiera su egoísta  andar tal como lo ha hecho hasta ahora desentendiéndose de ellas, como una respuesta a ya no creer en nada, así como aquellos aldeanos del cuento del lobo… Y si de una buena vez se acabara todo”
Al hacerme estas preguntas curiosamente el volcán Popocatépetl hacía una de sus ya cotidianas exhalaciones de ceniza, pensé: “ya nos  vamos a tiznar de nuevo, qué lata y yo que quería tomar un poco de sol”. A lo lejos escuchaba los cohetes que tronaban en las poblaciones circunvecinas, hubo un trueno de gran intensidad, ése sí debió haber sido un mega cohete, me dije, no acababa de terminar la frase cuando vi que mi perro levantaba sus orejas y corría de un lado a otro dando múltiples y sonoros ladridos. En eso la tierra comenzó a moverse, el cielo se fue  cubriendo por una inmensa nube negra  que ocultaba casi por completo los rayos del sol semejando un eclipse, pero  en este caso en lugar de ser provocado por otro astro era provocado por una densa nube de ceniza, las aves  en parvadas volaron a refugiarse entre los árboles pero de un momento a otro iban y venían como si hubieran perdido el rumbo.
El ambiente se impregnó de un olor a ozono, la electricidad se interrumpió, entré en pánico y me quedé viendo la escena sin saber si salir o no fuera de la casa con la esperanza de que todo pasara en unos segundos más y regresáramos a la normalidad, todas las posibilidades pasaban por mi mente en cuestión de segundos, me sentía indeciso de si quedarme dentro de la casa o salir corriendo, pero quién me aseguraba que afuera tuviera yo más seguridad, la respuesta se presentó de inmediato al ver que de entre las cenizas caían algunas piedras incandescentes, en esto hubo otro temblor de mucho más intensidad que el anterior, corrí entonces hacia uno de los muros de la casa para como medida de protección recargarme en él, mi perro ladraba como si viera algo y daba vueltas en su propio eje, el suelo comenzó a rasgarse, en eso  parte del muro cedió y  cayó, dejándome una salida, corrí hacia el campo  abierto, veía como una grieta corría y cortaba  la tierra en dos hasta donde  alcanzaba mi vista, todo se detuvo de un minuto a otro, el silencio se adueñó del lugar, al levantar la mirada veo como el volcán Iztaccihuatl,  que significa “Mujer Blanca”  había despertado y quería recuperar el tiempo y  el espacio que le fue quitado durante los siglos en que durmió para no ver la decadencia humana. Cual mujer dolida lanzaba  fuego a ton y son, todo eran llamas, humo y escombros, las grietas de la tierra eran inundadas por lava. La mujer rugía como si estuviera en dolores de parto, destruía todo a su paso para dar a luz un mundo nuevo.
Mi perro me mordía el pantalón para que lo siguiera. Al mismo tiempo sentía como si algo dentro de mí también se estuviera desquebrajando, todo me dolía y apenas podía caminar, sentía que yo también por dentro me estaba despedazando, de un momento a otro perdí el paso y caí en el suelo seminconsciente, mi perro se acercó  y comenzó a lamerme la cara. Tenía la sensación de estar dentro de una bola de cristal que alguien meneaba. Por más que quería no podía abrir los ojos, sentía que mi cuerpo se dejaba ir por el vaivén  del suelo. A lo lejos  escuchaba  risas y gente hablando  en medio de un fondo musical navideño un tanto hueco y mecánico, pude apenas abrir los ojos y todo daba vueltas como en un carrusel.
La cálida lengua de mi perro seguía su afán de lamerme la cara y despertarme. Ahí estaba en el suelo una bola de cristal rota que contenía en su interior una casita y un hombre tirado junto a su perro. Había sido un extraño regalo de navidad que me había llegado por correo, nunca supe el remitente, y no hubo manera de saberlo, por lo que no me quedó sino conservarlo. Dentro del paquete venía empacada una bola de cristal con caja musical que mostraba en su interior una casita y un hombre paseando a su perro, al darle cuerda rotaba y sonaba una melodía navideña.  Había sólo una nota con algunos dibujos hechos a mano de hojas navideñas y esferas que decía: “Todo es relativo a excepción del odio”.
Recogí los pedazos rotos de aquella bola de cristal  que se había caído mientras me quedé dormido y que ahora yacía en el suelo desmembrada, al regresarla a su posición original la cuerda musical volvió a sonar un par de compases de algún villancico antes de fenecer.
Tiré todo en el bote de basura y en ese momento hubo un silencio total, una sensación de vacío que sólo fue roto por el sonido del viento. Era el solsticio de invierno; el sol y la luna parecían rivalizar en el horizonte entre juegos como aquellos amantes que finalmente se funden en un beso dándose como regalo un día tan largo como la misma noche. Las estrellas chispeaban al ritmo de los tambores que desataron su percusión a lo lejos, un coro de trompetas acompañaba aquel acontecimiento celestial de luz y sonido que había irrumpido el sigilo, anunciando así la nueva era, el nuevo orden cósmico que algunos falsos profetas quisieron llamarle el fin del mundo, el apocalipsis. Nada más lejos de la realidad, al contrario era el inicio de una nueva era.
Surgieron de la profundidad de la tierra, como si hubieran estado ahí por siglos esperando salir , imponentes pirámides y templos con estelas altísimas de piedra que intentaban tocar los cielos. Los tambores sonaron aún con mayor fuerza mientras del cielo bajaba una enorme ave de mil colores que al abrir sus alas manaba todo tipo de semillas.
Plumas, fuego, incienso, vibraciones musicales nunca antes escuchadas celebraban el regreso de los tiempos, el volver a comenzar. El mundo se unía en una sola lengua y una misma vibración  que conjuntaba todos los mantras, rezos e himnos.
El ave finalmente se posó en la pirámide más alta y después de un largo y bellísimo canto que se escuchó por todo el orbe, se desintegró  dejando caer sobre la tierra las miles y miles de plumas de colores que desprendían esencias de flores y que al tocar la tierra germinaban las semillas que  con anterioridad se habían diseminado.
El mundo de nuevo fue verde y sus árboles dieron frutos desconocidos, los ríos desaparecidos renacían y corrían  límpidos hacia los mares. Las fronteras se borraban de la faz de la tierra y lo que una vez se conoció como religiones se hermanaban en un canto de espiritualidad que no tenía más código que el amor.
Los cuerpos de los habitantes de esta nueva tierra eran alimentados por los frutos de la tierra y dejaban de ser cuerpos contaminados y enfermos, la mente alcanzaba niveles nunca antes sospechados. Los animales no eran más el alimento, ni el objeto de trabajo, entretenimiento o  lucha, sino fieles compañeros del hombre que le enseñaban a reconciliarse con la madre tierra.
Cuántas versiones habrá sobre lo que hoy conocemos como  la navidad, cuántos significados, cuántas maneras de festejarla, cuánta esperanza, cuanta alegría y  a la vez cuánta diferencia. Continuaba con mi relato. Renovarse o morir,  decía el dicho de la antigua era, sin embargo en la nueva se entiende el renovarse como esa forma de renacer que implica por fuerza una muerte anterior ya que nadie vuelve a nacer sin antes morir. Regresar al mítico paraíso ha sido el más profundo de los deseos del hombre desde que lo abandonó, hoy el hombre se reencuentra con él y lo redefine  como el destierro de la ignorancia y el egoísmo, el paraíso no un lugar sino una dimensión donde el tener es un valor caduco y que es sustituido por el ser potencializado, un ser que no confunde la egolatría con el saber que hay dentro de sí, un ser que no se ve ni se piensa más a sí mismo como el centro del universo, sino como parte de él y de quienes lo habitan. La luz interna no funciona si no es compartida y regenerada por otros.
El  sol se  fue ocultando y al oprimir el interruptor de la luz me percaté de que no había energía eléctrica,  fui al cajón de la cocina y tomé una vela, la encendí y derretí un poco de cera para pegarla sobre un plato,  regresé a mi escritorio con la vela y  así poder continuar escribiendo frases sueltas que más tarde armaría en un solo contexto.
“Afuera está un mundo al que nos hemos atrevido a romper y a matar, sin saber que los primeros en morir seremos nosotros,   no sería mejor romper la costumbre, la rutina y la idea de seguridad, partir en dos nuestro egoísmo, y dejar que la vida fluya”.
La llama de la vela me llamó la atención, al advertir como tintineaba entendí que ella en sí posee una energía y una vibración que se conecta con la vibración de mi hipotálamo, en ese mismo momento yo estaba despertando a un nuevo estado de  consciencia , mi mente leía y veía lo que antes estaba vedado para ella, percibía cómo los cuatro elementos dominantes de nuestro planeta: agua, viento, tierra y fuego formaban un todo con sus propias vibraciones que se conectaban a la mía y a su vez la mía con el resto de los seres vivientes haciendo una cadena de vibraciones que mejoraban mi entorno  y el entorno de cada uno, el “quid pro quo” en su máxima expresión,  de tal manera que el cambio a una nueva dimensión en este mundo era posible con tan sólo el hecho de conectarse los unos con los otros, en este despertar a un nivel mayor de consciencia.
Al carecer de luz eléctrica el cielo cobró mayor relevancia en mostrarse desnudo tal cual es, salí a la terraza para disfrutar del espectáculo, los astros se fueron acomodando de tal manera que las estrellas fueron vistas al igual que en la Palestina de hace más de dos mil años. La tierra estaba por ver su nuevo amanecer,  un renacer y  el cielo era testigo de mi propia natividad.
Eduardo Sastrías

2 comentarios

Archivado bajo Cuento, Navidad

QUERIDO SANTA

Querido Santa Claus:
Te mando un poco tarde esta carta ya que no he tenido un minuto para escribirte debido a tantas ocupaciones (ajenas) por lo que espero que te llegue la presente a tiempo antes de navidad, te la estoy enviando por diferentes vías antes de que la hagas de tos y me reclames que te llegó varias veces y que ya la leíste.
Este año como habrás visto me he portado más que bien, he sido sumamente iluso y obediente, y eso en este país de los agachados y los lloriqueados es sinónimo de ser bueno, por lo que no dudarás de que en efecto he sido más que bueno pues he tenido que cumplir todos los requerimientos, deseos y caprichos del lugarejo donde trabajo por lo que me ha sido imposible procurarme una vida propia, plena, con libertad de movimiento y acción.
Es por eso que esta navidad te quiero pedir un par de huevitos para tener el valor de renunciar a eso que se llama trabajo y que muchos quieren ver como una bendición cuando en realidad es una Vendición sí, no te esponjes, no es mala ortografía , es venderse con sumisión “Vendición”
Y es que pues en efecto debo confesar que me ha ganado el miedo de tomar la determinación, que si por lo que podré hacer fuera de semejante mazmorra, la cual por cierto me recuerda la analogía de la “Cueva de Platón”, que si los demás dicen que me moriré de hambre, que si me enfermo no estaré protegido, que si viene una crisis económica peor que la del 2009, que si esto o aquello y yo sigo aguantando todo tipo de vejaciones laborales con tal de tener unos centavitos.
Ahora bien si no me puedes traer un par de huevitos, pues tráeme un traje de “lástima”, ya que esa es la mejor moneda para sobresalir sin mucho esfuerzo en este país lloriqueado y tan carente de autoestima. Mira con que me ponga el traje de “lástima” de 8 am a 8 pm ya la hice, nadie me molestará en la oficina, es más harán el trabajo por mí para que se sientan seres “buenos”, me llenarán de sonrisas hipócritas y se desvivirán de que alguien los vea que me apoyan en todo y seré el objeto que los demás tomarán para alcanzar la santidad.
Bueno si no te da tiempo de confeccionarme el traje de “lástima” mándame un “ traje de imbecilidad”, sí Santa quiero ser un verdadero y reverendo pendejo, ese al que nadie quiere y que ni para qué encargarle que haga algo porque es tan, pero tan pendejo que para qué fiarse, mejor que otro lo haga, mira con ese “traje de pendejo” con que me lo ponga también de 8 am a 8 pm , tendré doce horas para mi solito, podré incluso echarme mis “coyotitos” , a papar moscas o cualquier otra ocurrencia.
Ahora bien si por tus múltiples ocupaciones o porque ya tu trineo está hasta la madre de computadoras, pantallas de TV, celulares, y demás aparatejos, pues reenvíale esta carta a los “Santos Reyes” mira que esos tipos son la buena onda, nada más de saber que anduvieron solos tres hombres en el desierto con sus animales, me puedo imaginar todo lo que no se habrán atrevido a hacer, y mira llevaban un buen de goma llamada Mirra, un buen de hierba con la que se daban sus pasones y que la disfrazaban de incienso, y harto oro ilícito para lavar , por eso andaban zigzagueando por el desierto, entonces a esos tipos creo que se les puede pedir cualquier cosa , desde un porro, que desaparezcan a alguien o hasta mi traje de imbecilidad.
Bueno mi querido y bien “alegre” Santa Claus, esta navidad te voy a dejar un vaso de whisky con cacahuates junto al árbol de navidad, ya que la última navidad que te dejé un vaso de leche y unas galletitas, no mames fue un asco entre los pedos tuyos y de tus renos que seguro también se tragaron parte de la leche, haciendo un batidero todo el techo de la casa y la estela que dejaron no fue precisamente de estrellas.
 
Atentamente

 

El niño Lalo

2 comentarios

Archivado bajo Epistolar, Navidad

UN REGALO DE NAVIDAD

Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Juan 15:13

Era la víspera del día de navidad y las familias recorrían las plazas comerciales en busca de los últimos regalos de temporada. Caramelo era uno de esos encantadores perritos que venden en las tiendas de mascotas, de esos que se encuentran detrás de una vitrina enorme de cristal.
– ¿Qué prefieres una muñeca o un perrito? Le preguntó la madre a su hija Alicia quien al ver los ojitos de aquel perro detrás de la vitrina que decían “¡¡¡sáquenme de aquí!!!” no lo pensó dos veces y de inmediato le dijo a su madre, quiero a ese perrito. Así fue que el día anterior a la navidad Caramelo pasó a ser propiedad de la familia Del Toro que se componía de cuatro miembros, Padre, madre y dos hijos un varón llamado Ricardo y una niña llamada Alicia, como su madre.
Todo parecía que Caramelo sería el regalo perfecto para los niños.
Tan pronto llegó a ese hogar le llenaron de cariño y de cosas; la camita, la correa, pelotas, muñecos de plástico, carnazas para morder, chalequitos, Caramelo era la novedad.
Caramelo, así lo llamaron porque era un cachorrito que como decía la madre de Alicia, “te lo quieres comer” por lo que con la palabra “Caramelo” quedó acuñada la placa de la correa del canino. Lo acomodaron en la cocina para que estuviera resguardado del clima y todos a dormir.
A la mañana siguiente el piso de la cocina tenía varios charquitos de pipí, y un par de heces estratégicamente dejadas frente a la puerta de entrada.
Los niños se levantaron más temprano para abrir sus regalos que se encontraban debajo del árbol de navidad y jugar con el otro regalo llamado Caramelo, quien al parecer los esperaba con ansias, como si fuera otro niño. Al verlos ladró con brío de gusto, saltó quedando en dos patas moviendo su colita.
No faltó que alguno de los niños no se percatara de las heces y las pisara embarrando a cada paso parte de las mismas en la alfombra de la escalera.
Caramelo fue creciendo y también su energía, la ropa que solía estar tendida en el patio resultó ser una gran atracción para él, misma que terminaba en el suelo llena de lodo y mordisqueada, algunas de las plantas del jardín quedaron totalmente destruidas por los hoyos que había cavado.
El hecho de que Caramelo no se comportara como un muñeco de peluche comenzó a incomodar a Alicia, la madre de los niños y no faltaba que alguno de ellos lo tratara con brusquedad, sin que recibiera ninguna llamada de atención ni guía para que con el tiempo aprendiera a cuidarlo y respetarlo.
Caramelo fue creciendo y dejando atrás aquella imagen del cachorrito tierno. Ya no tenía su camita sino que dormía afuera en el patio de servicio envuelto en una cobija vieja; cuando llovía tenía que guarecerse en el techito que cubría la lavadora pero inmediatamente era reprendido por la dueña quien creía que iba a morder alguna de las mangueras. Los niños ya no lo tomaban muy en cuenta, aquella emoción del “juguete” navideño había pasado, de hecho su madre les decía que no se acercaran mucho a él pues podría morderlos ya que ahora era un perro “grande”.

Un buen día Rogelio Del Toro, el padre de los niños subió a Caramelo a la camioneta y él muy contento creyó que lo llevaría de paseo, en el trayecto vio como la ciudad quedaba atrás, él se dijo guau, me va a llevar al campo, entonces vio como la camioneta se desviaba a un camino vecinal de terracería que se adentraba en una zona boscosa. ¡Qué bien se dijo, vamos a algún lugar lejos de todo, seguro que correré y jugaremos todo el día!
Cuál fue su sorpresa que al llegar a un paraje, Rogelio abrió la puerta de la camioneta y lo invitó a salir. Caramelo salió todo contento con la creencia de que los dos irían a jugar; se revolcó en la hierba y daba saltos; de repente escuchó un ruido de motor y vio como la camioneta se alejaba. ¡Eh no me dejes, vamos a jugar! se decía mientras corría tras la camioneta, pero ésta desapareció en el horizonte.
Oscureció y el inclemente frío comenzó a hacer estragos en el canino quien rascó la tierra e hizo un pequeño hoyo donde se echó y se hizo bolita acurrucándose para conseguir algo de calor en aquel lecho improvisado, sus tripas comenzaban a reclamar alimento y agua, lamía la hierba con la finalidad de obtener algo de humedad y sabor.
“Te abandonaron, ¿verdad?”, escuchó Caramelo mientras dormitaba, en eso vio una luz intensa que le daba calor, “yo nunca te abandonaré, eres parte de mi plan de salvación para los hombres”. Caramelo movía la cola y se le quedaba viendo como si entendiera cada una de las palabras, de alguna manera parecería que esa emisión le era del todo conocida. “Tienes una misión que cumplir y ha llegado el momento; deberás caminar por la vereda que lleva a la carretera y ahí te estará esperando tu destino”.
A paso lento pero firme siguió las instrucciones que venían de aquella luz. De pronto todo fue oscuridad, ruidos de otros animales corriendo y escondiéndose entre la maleza, Caramelo continuaba su andar sólo guiándose por el olfato.
Se levantaba la aurora de un nuevo día que despertaba, Caramelo tomó un breve descanso después de haber caminado todo lo que quedó de la noche, extrañaba aquellos días en que era mimado y querido, ahora se encontraba en medio de un lugar desconocido y frío tan sólo siguiendo aquella voz interior, “yo nunca te abandonaré”; llegó al entronque de aquel camino vecinal con la carretera, no sabía para donde dirigirse si hacia la derecha o la izquierda o bien cruzar la carretera y continuar por el campo, en medio de esa indecisión, vio que venía una camioneta igual a la de sus dueños, “¡ahí vienen por mí!”, se dijo, “ seguro que se olvidaron de mí y vienen a recogerme” brincó y comenzó a ladrar de alegría a la vez que la camioneta se iba acercando, ya que estuvo lo suficientemente cerca corrió hacia la camioneta y ésta se abalanzó para embestirlo, – ¡Pinche perro de mierda!, se escuchó el insulto en medio del rechinido de los frenos. Caramelo no entendía qué pasaba, su corazón latía a mil por hora, la cola instintivamente se le metió entre las patas y cuando iba a correr casi es atropellado por otro auto que venía en el sentido contrario de la carretera. De la camioneta se bajaron dos jóvenes en estado alcohólico, fumando un porro. Caramelo se regresó al ver el otro auto y se echó debajo de la camioneta en busca de protección, uno de los tipos se subió a la camioneta y la movió de tal manera que golpeó a Caramelo mientras que el otro tipo lo pateaba y le aventaba gasolina, en seguida lanzó la “bacha” al charco que había dejado la gasolina, a la vez que corría para alcanzar la camioneta que ya se encontraba huyendo del lugar. Caramelo se vio envuelto en llamas y su dolor se traducía en lastimeros aullidos. Caramelo era una antorcha canina, que había venido al mismo infierno. Creía morir con la peor de las muertes y en sus últimos aullidos llamaba a aquella voz que le había dicho que nunca lo abandonaría…


“¿Cómo se hace para vivir una vida vacía?, ¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?”, se repetía Mateo en su mente. A la muerte de Esther su mujer, su vida había caído en un abismo cubierto por la negra rutina de sobrevivir los días.

Caramelo sintió de repente como su cuerpo era cubierto y las llamas eran ahogadas, todo era oscuridad, el dolor era insoportable, lanzaba mordidas a ton y son al sentir que lo tocaban, la manta que lo cubría finalmente sirvió como camilla para subirlo al auto, en eso sintió que su cuerpo quedaba atrapado en aquel auto pero algo de él se elevaba como si poseyera alas, desde lo alto seguía a aquel auto que a toda velocidad bajaba de la carretera a la ciudad para llegar a la primera clínica veterinaria.
Desde arriba veía como una persona cargaba con mucho cuidado el cuerpo que una vez fue suyo, era ayudado por un doctor, la piel supuraba llagas por todas partes, una pata rota, el ojo derecho había sido alcanzado por el fuego e irremediablemente tuvo que extraerse. Sueros, antibióticos fueron suministrados a través de cánulas, Caramelo seguía observando su propio cuerpo maltrecho desde las alturas esperando que de un momento a otro ese cuerpo dejara de respirar y finalmente descansara de tanta agresión recibida.
Pasaron varios meses de constantes cuidados, las llagas fueron cicatrizando dejando a su paso las huellas de aquél trágico momento. De no haber sido por Mateo, Caramelo hubiera tenido una de las muertes más crueles y dolorosas. Ahora descansaba en una mullida camita cerca de él.
A partir de aquel trágico suceso la vida de Mateo tomó un giro descomunal, atrás quedaba una vida de soledad y abandono, ahora Mateo recibía todo el cariño que otro ser le pudiera dar, la compañía de Caramelo le brindaba un nuevo objetivo a su triste vida, eran dos seres que algo o alguien había decidido juntarlos para compensar sus propios dolores.
Mateo había quedado viudo hacía ya diez años, nunca tuvo hijos, y desde la muerte de Esther su mujer su vida se había vuelto fría y monótona. Así que Caramelo vino a ser eso que le faltaba en el ocaso de su existencia. A partir de que Caramelo llegó a su vida, ésta parecía haberse teñido de luz y mayor sentido. Todos los días se les veía caminar acompañados el uno del otro por las calles y cuando Mateo salía en el auto, Caramelo corría para subirse al asiento del copiloto.
Mateo incluso se había vuelto más sociable y había reanudado los vínculos con sus demás familiares. Para él su vida cambió el mismo día que vio en la carretera a Caramelo envuelto en llamas. Venía de una población fuera de la ciudad donde le habían dicho que vivía una curandera que era muy efectiva para los casos de cáncer; a Mateo le habían diagnosticado cáncer en el estómago hacía unos meses y se negaba a recibir los tratamientos convencionales, ya que consideraba que las quimioterapias son la antesala a una devastadora agonía.
Una voz le decía que algo importante iba a suceder en ese día, mas nunca creyó que sería el encuentro con Caramelo, jamás pensó que tendría una nueva oportunidad para dar amor a otro ser y ver la vida desde otra perspectiva, paradójicamente más humana. El cáncer ahora era sólo una circunstancia en su existencia, pero Caramelo era una razón de vida.
Caramelo era el mejor compañero que Mateo pudiera tener, de hecho lo había renombrado como Fénix en memoria al ave que renace. Después de los paseos por el parque se echaba junto a Mateo en aquellas tardes de lectura como si él también disfrutara de las letras y de las historias. Por momentos le venían imágenes de aquellos días en que fue el centro de atención de aquella familia quien dijo quererlo, aunque Mateo no era muy comunicativo sí le expresaba ese amor con hechos y con dedicación. Fénix, por su lado, aprendió con un ojo a ver todo el mundo que Mateo le compartía.
El clima comenzaba a ser frío se avecinaban las fiestas navideñas; en esas tardes Fénix se acurrucaba a los pies de Mateo en un cálido silencio que estaba lleno de contacto y comunicación.
Mateo por momentos sentía que su cuerpo se desvanecía debido a los dolores que el cáncer le provocaba. Mientras Mateo acariciaba a Fénix pensaba que esa era precisamente su mejor terapia, acariciar a Fénix, al hacerlo los dolores disminuían y entraba en un estado de relajamiento y armonía que los hacían sentir mejor. Entre sus pensamientos, no dejaba de preocuparle la posibilidad de lo que pudiera llegar a pasar si su estado se agravara y no pudiera atender a Fénix, pero aquel perro parecía entenderlo y restregaba su cabeza en el estómago de Mateo como si sobándole lo quisiera curar.
Era la primera Noche Buena que Mateo y Fénix pasarían juntos desde aquel trágico encuentro. Mateo había invitado a cenar a algunos vecinos y parientes. En la mesa estaban los servicios mudos e impávidos esperando ser ocupados. De la cocina salía un delicioso olor a pavo ahumado con relleno de castañas que se estaba cocinando, las luces del árbol navideño jugaban a través de las ramas. Fénix no dejaba de seguir el recorrido de las luces con la mirada. Al ver a Mateo movió la cola y corrió a querer abrazarlo; en alguna parte de su ser volvía a escuchar aquella frase que parecía ya lejana “yo nunca te abandonaré, eres parte de mi plan de salvación para los hombres”.
Me siento un poco cansado, le dijo Mateo a Fénix, en lo que llegan los invitados me voy a recostar un rato; Fénix lo siguió hasta su recámara y se echó al pie de la cama escuchando el rítmico respirar de Mateo. De repente algo sucedió, aquella respiración se detuvo, Fénix levantó sus orejitas y fijó la mirada hacia lo alto de la cama, los segundos corrían y el silencio era profundo. Fénix brinco a la cama y lamió la cara de Mateo, se quedó quieto esperando alguna reacción…no hubo respuesta, desesperado Fénix ladró con todas su fuerzas, salió de la recámara emitiendo sonoros ladridos como si gritara que había una emergencia, regresó y brincó a la cama, volvió a lamer la cara de Mateo, nuevamente no hubo ninguna reacción, rascó la cama para provocar algún movimiento, de nuevo nada, Fénix gemía y daba vueltas en la cama, finalmente desconsolado echó su cuerpo junto al de su amo acomodando la cabeza en su regazo.
Todo se oscureció, Fénix levantó la cabeza poniéndose en guardia, en eso se escuchó la risa de una criatura, las orejas de Fénix se levantaron queriendo reconocer de dónde venía aquel sonido. Una luz se fue acercando a la recámara y al llegar al quicio de la puerta Fénix vio a un niño muy pequeño que caminaba dando tumbos, con sus manitas le hacía señas de que fuera con él , Fénix brincó y corrió hacia el niño, éste lo acarició a la vez que Fénix le lamía las manos y movía la cola de tanta alegría, el niño reía a carcajadas al sentir la lengua de Fénix en sus manitas, en eso el niño se tambaleó y cuando iba a caer de sentón se detuvo en el lomo de Fénix .
Cobijados por esa luz, aquel balbuceante niño y Fénix salieron de la casa; todo era silencio, tiempo y espacio perdieron su relatividad y se transformaron en una colina que albergaba tres árboles en forma de cruz; el niño levantó su manita y señaló una estrella que brillaba con mayor intensidad que las demás, Fénix fijó su mirada en la estrella que el niño señalaba.
Mateo abrió sus ojos los cuales sentía tan pesados como dos lápidas, a la vez que percibía algo sobre su estómago; bajó la mirada y vio que Fénix se había quedado también dormido. – Fénix despiértate, no tardarán en llegar los invitados, nos hemos quedado dormidos, Fénix no respondía, parecía haberse quedado profundamente dormido, Mateo trató nuevamente de despertarlo pero al moverlo sintió el cuerpo del perro frío y desvanecido… Fénix había fallecido. Mateo lo abrazó con fuerza en medio de un incontrolable y desgarrador llanto, – ¡¡Fénix, Fénix, no me dejes, qué va a ser de mi sin ti!!
En eso sonó el timbre con insistencia. – Ahora voy, ya voy. “Han de ser los invitados”, se dijo Mateo secándose las lágrimas y dejando a un lado el cuerpo de su adorado compañero. Se dirigió a la puerta, una vez que la abrió no había nadie, volteó para un lado y para el otro, nada, sólo una pluma blanca revoloteaba sutilmente al ritmo de la brisa invernal, Mateo abatido regresó a la recámara, Fénix ya no se encontraba ahí, por un momento se llenó de gozo al creer que había despertado y se había ido a algún lugar de la casa, sin embargo no lo encontró por ningún lado, aquella pluma fue a dar sobre el vidrio de la ventana, como si algo le quisiera decir, al verla Mateo entonces recordó aquel extraño viaje que había tenido mientras se quedó en aquella muerte dormida, le vinieron las imágenes de Fénix y él frente a un Ser de Luz quien se dirigía a Fénix poniendo su mano con delicadeza sobre su cabeza “yo nunca te he abandonado, has sido parte de mi plan de salvación para este hombre, ha llegado el momento que regreses a mi lado a formar parte de la corte celestial de ángeles; hombre le dijo a Mateo tu bondad te ha curado”.
En ese momento Mateo entendió cuán grande fue el amor de aquel ángel de cuatro patas que dio su vida a cambio de la de él.
Esa noche Fénix pasó a ser el mejor regalo de navidad… su ángel de la guarda.

Eduardo Sastrías Bordes

1 comentario

Archivado bajo Cuento, Navidad, Perros

UN CUENTO ALTERNATIVO DE NAVIDAD


Estaba José bien dormido cuando aparecen volando arriba de él dos ángeles, quienes fueron enviados por Dios para avisarle que sería el padre del Salvador del mundo. – José, José… ¡carajo! José ya despiértate cabrón que te traigo una neta bien chingona, no mames ya despierta huevón. – José o sea no le hagas caso a este naco, jelouuu José, vengo con una buena nueva o sea una noticia de lo más chida we. Ante tanto barullo José se despierta y comienza a despabilarse, se levanta de un brinco creyendo que algún guarro estaba robándole sus herramientas en la carpintería. – ¿Qué pasó? , ¿Qué pasó? , dijo José medio dormido (léase apendejado). – No mames cabrón aquí el angelito fresa y yo llevamos horas tratándote de despertar pero estabas bien cuajado. – Pero ¡qué naco eres! no sé como es que, we, te mandaron conmigo a dar esta noticia. Mientras los ángeles argüían José se les quedaba viendo todo pasmado y dando apenas crédito de lo que veía y estaba escuchando. – ¿Quiénes son ustedes? – Somos los meros meros elegidos por Dios para anunciarte que tu quincena ya no te va a ajustar cabrón. – Tan gruesa está la crisis que hasta Dios me ha enviado a sus emisarios para prevenirme. Uy qué detalle del Señor pero me temo que eso no es noticia nueva en este país pues llevamos décadas soñando primero con tener una quincena y luego que ésta ajuste. – No we, neto que ves mucha tele para nacos, te voy a poner mínimo una antena de “sky” para que veas algo menos chafa y te ilustres. Lo que este naco quiso decir es que vas a ser papá we. Pero como no tienes Nextel no hubo de otra que venir hasta este lugar que tienes por casa para avisarte, we. – Órale pues a qué vieja me cojí que ni me acuerdo – O sea aparte de proletario qué corriente eres we. No tuviste sexo con nadie we, ni quien se atreva a hacerlo con un ruco como tú o sea we ubícate, proletario, ruco y feo o sea jelouuu. – A ver barájamela más despacio. – Mira cabrón lo que este fresita quiere decir es que le vas a hacer de papá postizo, ni modo ya te jodiste porque vas a tener que pagar pañales, vacunas, (bueno esas con el seguro popular las sacas sin que te cuesten ni un varo) colegiaturas o lo metes a una de gobierno, y todo el friego de gastos que trae un chamaco. – Pero ¿Por qué yo? Ambos ángeles al unísono le responden con voz cantarina. – Porque eres el elegido del Señor.

Mientras muy pero muy lejos (léase en casa de la chingada) se encontraban los tres “Reyes”, por cierto, primos de los tres “García”. A los Reyes en su barrio les decían “los Magos” no porque hicieran magia sino porque curiosamente los tres se llamaban Margarito, esto es, Margarito Melchor, Margarito Gaspar y Margarito Baltazar. Los tres Magos habían emigrado en busca de fortuna a otros países porque en el nuestro nomás las cosas no han levantado cabeza, es así que Margarito Melchor Rey se fue de mojado a California varios años y hasta se trajo un mercedes chocolate, Margarito Gaspar Rey, ese se fue en un barco Español trabajando de mil usos, y Margarito Baltazar Rey se fue a Miami a trabajar de enfermero en un centro de retiro.
– Oh mai god nou se qué vamous a hacer con esta crisis, decía Melchor
– A mi me lleva el carajo y me cago en la leche, anda que mi “castillo” lo he comprado a crédito y ahora el banco me lo quiere quitar si no pago casi cuatro veces su valor, joder. Espetó Gaspar
– Óyeme tú mi negro a mi esto de la crisí me ha pueto ma negro de coraje y sobretó con ese Bush que tú a mi no me va a decir que no ha dejao un mundo lleno de crisí y guerra , dijo sin querer quedarse atrás Baltazar

En eso estaban cuando se les aparecen el par de ángeles para avisarles que ha nacido el salvador.

Bienaventurados seáis vosotros, pues hemos venido desde el cielo a daros la buena nueva.
– Órale con la frasecita mi fresita – Le dice el ángel naco al fresa.
Al escuchar esto los tres reyes detienen su charla y se quedan viendo a los ángeles con asombro.
– ¡¡azúcar, de qué circo salieron mi sangre!!, exclamó Baltazar al ver al par de ángeles
Ouh mi nou entender este pazón
– Fenómeno el disfraz ,alcanzó a decir Gaspar
En eso el ángel naco interrumpe un tanto exasperado
– Ya, ya bájenle a su radio de transistores mis reyecitos, que no somos su entretenimiento virtual, aquí lo que el fresita les quiso decir en su rollo fue que venimos a soltarles una neta que no se la van a acabar de tan chida.
– O sea no sabes, lo que les venimos a informar es que ya llegó el Salvador,we.
En eso se les iluminó la cara a los Reyes y comenzaron a exclamar:
– Aleluya, Aleluya Obama Obama Aleluya .
Los ángeles se quedaron mirando uno al otro sin entender qué pasaba
– Oh mai god ya le inyectaroun muchos miles de millones de dollars a la economía y podemos respirar
– Te lo dije mi negro que esto de la crisí era solo cuestión de tiempo, mi sangre.
Joder esto de los Ninjas qué si nos ha golpeado pero ya nos recuperaremos.
“Qué hongo se tomaron estos” pensaba el ángel naco mientras los veía con cierta impaciencia.
– ¡Ya cabrones, se me callan!! Ya me pusieron hasta la madre con sus pendejadas.
– O sea qué vulgar eres, de veras we que no se de qué nube rascuache saliste, we.
– Mira pinche ángel fresita tú también me tienes hasta la madre, y ahora sí hijos de su puta madre cierran su hocico o me los cojo a todos y me van a dejar hablar. Lo que he querido decirles desde hace un buen rato es que ya nació el mero mero carnal, el hijo de dios y ustedes con sus mamadas de Obama, si serán pendejos.
Todos se quedaron atónitos ante las palabrotas del ángel no sabían bien a bien qué era lo que más les había impresionado si el florido lenguaje del alado o la noticia.
En eso el ángel fresa intervino: – Tienen que seguir una estrella que los conducirá hasta belén que es donde ha nacido el salvador, me entiendes we.
Perou dónde encontramos a una estrella para perseguir ahora
– Yo se dónde es el piso en el que vive Paulina Rubio
– Yo propongo a Gloria Stephan o a Madonna
El ángel fresa movió la cabeza mirando al cielo y diciendo para sí mismo:
“Qué joto me salio este rey,digo este wey” y luego dijo al cielo
– O sea we, neta que nos la pusiste cañón, no haces uno de los tres, we.
Y luego dirigiéndose a los Reyes Magos les dijo:
Jelouuu, una estrella es un astro we, no una persona, te queda claro, o sea van a seguir una estrella del cielo, me entiendes we, que los dirigirá hasta Belén.
Óyeme mi negro que no sabes lo peligroso que es andar por la noche, intervino Baltazar seguido de exclamaciones de aprobación de Melchor y Gaspar. A lo que el ángel naco dijo:
– No hay tos cabrón el mero chipocludo los va a cuidar.
– Y por qué nou ustedes nous van guiando y cuidando el caminou.
– Y tu nieve de que la vas a querer m’ijo, ya con venir a darte el puto recado ha sido más que suficiente. En eso apareció una gran estrella muy brillante en el cielo y el angel naco continuó:
– Ira ira orita mismo está ahí arriba la estrella que tienen que seguir, ¿la divisas cabrón?
– Pues no se diga más emprendamos el camino a Belén, dijo Melchor con autoridad.
Perou mai Padfainder está en el taller
– Y mi mercedes no creo que sea propicio para andar por el desierto
Después de un silencio Melchor y Gaspar se quedaron viendo pensando en lo mismo y sin hablar señalaron la Hummer de Baltazar que estaba estacionada…De repente, del cielo bajó una luz que la iluminó por completo, no era un halo celestial, sino el cañón de luz de un helicóptero que estaba haciendo una inspección desde el aire dejando ver claramente los cuernos de Reno enganchados en las ventanas traseras así como una nariz roja en la parrilla de la Hummer de Baltazar.
El ángel fresa no pudo contenerse y dijo:
“O sea we neto, no manches eso sí que es naquísimo
Es así que los tres Reyes Magos comenzaron los preparativos para el viaje a Belén.
– Anda que hemos de llevar un buen regalo al tal Salvador , dijo Gaspar
– Yo llevou el inciensou , dijo de inmediato Melchor a los que Gaspar le reprendió. – Nada de yerbas Melchor que igual y en el camino nos encontramos a la DEA o policía antinarcóticos y tú cargando tus bazofias.
– Si mi negro, corremos un grave peligro nos pueden ajusticiar por andar llevando sustancias o secuestrar por llevar oro. Aunque yo tengo un hermano de Miami que conoce guardaespaldas.
– Lo mejor será entonces llevarnos un ordenador portátil y una OTP para hacerle una transferencia al tal Salvador cuando lleguemos. Sólo será cuestión de preguntarle cuál es su clave bancaria y en un santiamén le hacemos el presente.
Fue así como los tres Reyes “Magos” emprendieron su viaje a colonias lejanas sin saber la clase de peligros a los que se enfrentarían.

En tanto, por el camino había un ser nefasto, cuya maldad rayaba en la vulgaridad y lo patético. Un ser cuyo físico era repulsivo, panza, papada y piernas parecían formar una misma masa obesa, se encontraba dentro de un vehículo dormitando y rumiando algo a lo que él denominaba alimento. El silencio era roto intermitentemente por la estática de un radio de comunicación. Este ser maldito estaba al acecho en espera de sus próximas víctimas.

Los ángeles volaron para ir a dar la buena nueva según instrucciones recibidas a los pastores, pero para sorpresa de ellos no encontraron pastores, sino un buen de desempleados que iban en busca del sueño americano. Al verlos primero creyeron que eran agentes de la “migra” y luego creyeron que eran un par de polleros disfrazados para “jalouín” y que quizá esa era su coartada para pasarlos al otro lado.
El grupo de indocumentados hacían señales con los brazos cuando vieron que el par de ángeles bajaban a la tierra.
Bienaventurados vosotros que recibís la buena nueva de que ha nacido el Salvador.
Los indocumentados se quedaron viendo unos a otros y el que parecía ser el líder del grupo espetó:
– ¿Cuát?
– Ay cabrón de veras que eres un mamila con tus frasecitas, ira no te entienden nada. Le dijo el ángel naco al ángel fresa mientras se espulgaba las alas y movía la cabeza en signo de reprobación.
– En fin, continuó, volvamos a la misma rola. A ver cabrones lo que aquí mi compañero fresita quiso decirles es que ya nació quien los va a salvar.
En eso todos los inmigrantes gritaron y se abrazaron y brincaron de alegría
– Ya ves cabrón como era bien fácil, le dijo el ángel naco al ángel fresa.
La gente gritaba con júbilo y el ángel naco se inflaba de orgullo.
– La migra nos la va a pelar, la migra nos la va a pelar y a los polleros se los van a chingar, repetía a gritos la muchedumbre.
– O sea naco a ver como calmas a la chusma, we. Dijo el ángel fresa a carcajadas.
Para entonces los Reyes “Magos” iban tendidos por la carretera cuando aquél ser maléfico les clavó su pérfida mirada. Entre resoplidos esbozaba una risa burlona a la vez que decía para sí en un tono vulgar:
– ¡¡Ya se los chingó el diablo cabrones!!
Este ser maldito conocido entre las huestes del infierno como “el Sapo-pano” tomó el volante de su patrulla encendió la sirena y se dirigió hacia sus víctimas.
El ulular de la sirena no era escuchado por los reyes “Magos” ya que Baltazar tenía instalado en su Hummer un sistema de sonido con bocinas Bosé de alta fidelidad que emitían toda clase de regatones. Melchor y Gaspar optaron por ponerse tapones en los oídos de tal manera que cualquier sonido quedara fuera de su alcance.
El Sapo-pano aceleró y les rebasó para hacerles la señal que tomaran el acotamiento.
– Sus documentos, le dijo el Sapo-pano a Baltazar al acercarse a la Hummer.
– Pero mi negro qué tú no ves que yo soy un rey y no necesito documentos.
– No mameyes en tiempo de melones. Órele, bájense y pongan los brazos sobre el vehículo y separen las piernas.
Los tres Reyes “Magos” calladamente hicieron lo que el Sapo-pano les ordenaba.
El Sapo-pano los comenzó a catear con la intención de hacerse de sus billeteras o cualquier objeto de valor, pero como los reyes “Magos” llevaban únicamente puesta una túnica de terciopelo muy estilo la Alameda del DF, por más que espulgó el rufián no encontró nada. Lo cual lo encolerizó.
– A ver pinches reyecitos de pacotilla voy a tener que llevarme el vehículo al corralón y hacerle una revisión detenida mientras ustedes se me van a los separos por tener placa desconocida, falta de documentos, por faltas a la moral y cualquier otra falta que resulte.
Ouh ouficial tenemos una cita con Salvador.
– Mira pinche pocho primero te me pones unos calzones y unos pantalones para la cita con la autoridad. Le escupió las palabras el Sapo-pano.
Los Reyes “Magos” no sabían qué hacer, ni a quien recurrir ya que todo esto era algo nunca antes visto para ellos. A los pocos minutos que el Sapo-pano pidió por radio una grúa ésta llegó casi de inmediato.
Los Reyes “Magos” veían atónitos como la Hummer con todas sus pertenencias era subida a la grúa.
El Sapo-pano garabateó su libreta de multas arrancó una de mala gana y se la dio a Baltazar.
– Aquí tienes reyecito, esto no incluye el remolque y el corralón, y si quieres un taxi que te lleve al corralón esta es la tarjeta de mi cuñado que es el único taxi que tiene permiso en esta zona.
Órele, de prisa que ya va a ser la hora de mi comida, le gritó al grullero.
Luego se llevó a los reyes a un lugar apartado y les dijo con una sonrisa enseñando su diente de oro.
– Podemos detener la grúa si se ponen guapos.
– ¿Qué es lo que tú quieres mi sangre? Intervino Baltazar
– No te hagas reyecito de pacotilla ya sabes, que se mochen
– ¿Mouchen? Preguntó Melchor
Uts están jodidos cabrones, voy a tener que remitir el vehículo al corralón. Órele jálatelo cabrón que ha se me hizo tarde.
Los tres reyes “Magos” se quedaron atónitos al ver como se alejaba su transporte con todas sus pertenencias en él, seguido por la patrulla conducida por el ruin demonio.

Al otro lado aún se encontraban los ángeles discutiendo con el grupo de indocumentados que seguían abucheando en contra de todo y de todos.
– La migra nos la va a pelar ya los polleros se los van a chingar. Repetían con demencia.
– Tranquilos, tranquilos, iren, lo que les queremos decir es que ya nació el salvador del mundo, el mero mero , el que les va a hacer la vida más a toda madre, sin pedir nada, él les va a echar la mano siempre. Dijo a gritos el ángel naco logrando que la chusma se callara y le prestara atención.
– Ora, pa’ qué carajos quieren pasar al otro lado; a que los humillen, los golpeen y hasta arriesguen la vida por un sueño huajiro. Vénganse con nosotros que los vamos a llevar a conocer al Salvador.
– No manches si venimos desde allá.
El ángel fresa no podía creer que el ángel naco estuviera controlando la situación.
– O sea naco de veras que tú si te entiendes con esta gente,we.
– ¡Ya, no mames fresita y sígueme el juego si no, no va a haber pastores en este cuento!
– No sean soquetes no me refiero al país el Salvador, qué no han entendido todo el rollo que les hemos echado del mero mero. Pero…
El ángel fresa no entendía bien a bien qué tramaba el ángel naco.
– A ver cabrones este cuento ya se está saliendo del huacal, así que pasen al área de utilería pa’ que les den un traje de pastores y se me suben al camión ya vestiditos de pastores, y hay del dedos de seda que quiera pirarse con algo que no es suyo, no se la va a acabar, y pa´que quiten esa jeta de hambreados en el camino les vamos a dar su lunch y su refresco.
– O sea aparte de ángel naco, ¡¡populista!! Le dijo el ángel fresa al naco mientras veía como la muchedumbre se alejaba de la línea fronteriza.

Los tres reyes “Magos” comenzaron a caminar siguiendo el camino que tomó la grúa cuando en eso les alcanzó un taxi pirata.
Súbanse güeritos, ah y el negrito también, me mandó mi primo el Sapo-pano para llevarlos con el MP.
Joder, llévanos de inmediato con el tal MP, dijo Gaspar.
Ya dentro del auto compacto el chofer continuó su perorata:
– ¿Y en qué circo trabajan?
Óyeme tú, que no ves mi negro, nosotros no trabajamos, somos reyes.
El chofer esbozó una carcajada mientras parecía caer en cuanto bache había por el camino. Finalmente llegaron a la oficina del MP.
– Ya llegamos, mi primo me va a pagar la dejada pero ahí móchense pa’ los refrescos.
Los tres reyes se bajaron con impaciencia sin hacer el menor caso a lo que decía el chofer.
– No, pos gracias que diosito se los pague. Haciendo una señal con el dedo.
Al entrar a la oficina se dirigieron al escritorio del M P que tenía un letrero que decía M.C. Herodes Melitus García.
– Buenas tardes señor M.P. dijo Melchor con cierta amabilidad.
A lo que secamente contestó Herodes en tono de aclaración:
– MC, que significa “Muy Cabrón”
La secretaria del MP una mujer con cara de pocos amigos y una expresión totalmente severa preguntó al MC :
– ¿Vamos a levantar declaración licenciado?
– Un momento señorita Oska , déjeme ver primero en qué andan estos cirqueros.
Joder con lo del circo, dijo en tono exasperante Melchor.
Herodes le echó una mirada helada a Melchor, quien se la mantuvo midiéndolo también.
– Escriba señorita Oska, dijo en tono autoritario Herodes.
“Siendo las catorce horas del día cuatro de enero de los corrientes…” – A ver cuáles son los nombres de los implicados. Detuvo Herodes su dictado dirigiéndose a los reyes “Magos”
Los tres reyes se quedaron mirando sin entender.
– Sus nombres no se hayan weyes.
Ah, Margaritou Melchor Rey
Margarito Gaspar Rey
Margarito Baltazar Rey
La secretaria “Oska” golpeaba las teclas de la máquina “Olivetti
“Se les detuvo en el eje vial belén por conducir un vehículo Hummer color verde con placas desconocidas. Al ser detenidos se les revisó y se encontraron sospechosos de: robo, tráfico de sustancias, asociación delictuosa, y son inculpados de faltas a la moral, falta de documentación entre otros delitos.”
– Ahora sí señores Margaritos van a rendir su declaración, díganme qué fue lo que pasó.
– Pues que llegaron unos ángeles del cielo para decirnos que había nacido el salvador. Dijo Melchor
En eso interrumpe Herodes y se dirige a la señorita Oska. – no escriba hasta que yo le diga señorita. A lo cual como si fuera una orden venida del más alto rango ella detuvo su escritura y se quedó seria y rígida como una tabla.
– A ver, a ver, explíquenme cómo está eso de que bajaron unos ángeles del cielo.
– Ouh sí nosotrous estábamos en el castillo de Melchour cuando llegaron dos seres volandou y nos dijeron que teníamos que ir a conoucer a un señour llamadou Salvador. Que él era quien iba a cambiar al mundou.
– Y estos ángeles no les dijeron si el tal Salvador pertenecía a algún grupo político o alguna secta o asociación.
– Nou, los ángeles nous dijeron que el solou había venidou a redimir al mundou.
– Ah entonces actúa solo, ajá.
En eso se quedó pensando para sí, “ha de ser el tipo que quiere sacar a la luz la corrupción, jajaja , está pendejo si va a poder”
– Y no saben si el tal Salvador es periodista, preguntó Herodes.
– No, dijo secamente Melchor. No sabemos más que él va a cambiar al mundo y nos va a sacar de la crisis.
Entiendo, dijo Herodes mientras movía la cabeza en signo de asentimiento y a la vez midiendo sus palabras.

Por otro lado los indocumentados iban saliendo del cuarto de utilería vestidos de pastorcitos directo al camión amarillo que les esperaba para transportarlos a la calle de Belén en la colonia Natividad.
– Momento, momento, dijo el ángel naco, – este cuento tiene que quedar a todas margaritas así que antes pasen a maquillaje porque si no en la foto van a parecer pastores muertos de hambre.
– O sea, we y cuándo has visto a un pastor que no sea un muerto de hambre, we. Aclaró el ángel fresa.
Mientras los Reyes “Magos” seguían detenidos con el MP digo MC Herodes quien encontró la coca que el “Sapo-pano” había sembrado en la Hummer para que los metieran al tambo y no llegaran a conocer al Salvador. Estos habían sido trasladados a uno de los separos interrogados por el MC.
– ¿Qué más saben del tal Salvador?, ¿Esos que ustedes llaman ángeles son sus cómplices?, ¿A qué célula pertenecen? , ¿Quiénes los reclutaron? , ¡¡Suelten la sopa cabrones!!, ¿quién les vendió toda la coca que traen en la camioneta?.
Los tres Reyes “Magos” no entendían qué pasaba.
– Ah qué os referís, seguro es polvo celestial que pusieron los ángeles para nuestra protección.
– Ajá ahora se llama polvo celestial, jaja esa sí no me la conocía. Es pura Coca cabrón. Entonces las cabecillas son los tales ángeles, de aquí no van a salir si no sueltan nombres, conectes y direcciones. Van a quedar entambados por lo que les quede de vida.
– Ouh mai god creou que hemos sidou engañados y timadous. Dijo Melchor.
– Joder, pero si que hemos sido unos verdaderos gilipollas.
– ¿Entonces el tal Salvador no existe mi negro? Preguntó con tristeza Baltazar
Herodes los miraba con un brillo en los ojos que parecía lumbre a la vez que esbozaba una maléfica sonrisa.
– Me temo que su Salvador y los ángeles sólo ha sido un invento de ustedes que han querido utilizar como coartada, así que ya me están colmando la paciencia díganme cuáles son los nombres de los cabecillas.
– O acaso el tal Salvador es el cabecilla de su cártel y los llamados ángeles son sus escoltas. Les recuerdo que están en una posición muy desfavorable, tenemos la prueba y su declaración no es coherente.
Herodes pensaba para sí la manera en que pudiera llegar con el tal “Salvador” no tanto para apresarlo sino para hacer negocios con él a lo grande, no con mediadores chafas como éstos.
– Les voy a proponer una salida a su situación.
Los Reyes “Magos” lo observaban con detenimiento y cierta esperanza
– Ustedes me guían hasta el tal Salvador y los dejo libres, ¿Qué les parece el trato?
Los tres reyes se juntaron en corrillo y dejando al oído del MC Herodes sus cuchicheos. En eso Gaspar habló con decisión.

– Está bien, aceptamos, con una condición.
– ¿Y cuál es ella? Dijo sutilmente Herodes.
– Qué nos des un salvoconducto para no ser molestados más en nuestro camino.
– Concedido. Ahora pasen al área del Parque Vehicular a recoger su camioneta, no me hago responsable de lo que haya sido sustraído de ella.
– Les voy a dar este radio- radar que me indicará su trayectoria y finalmente dónde se encuentra “Salvador”. Una vez que hayan dado con él me lo hacen saber.
De nuevo en su Hummer los tres Reyes “Magos” se sintieron libres y más relajados. Sin embargo el tiempo apremiaba y todavía tenían que esperar a que oscureciera para seguir la dichosa estrella.

¡¡A ver, a ver señor narrador!!, dijeron los tres Reyes Magos, – háganos el favor de hacer que oscurezca pero de ya, o invente una manera más original y moderna para guiarnos hasta donde se encuentra el Salvador.
Está bien, está bien.
En eso se obró un fenómeno natural, se produjo un eclipse de sol y fue así que los Reyes “Magos” pudieron ver la estrella y continuar su camino.

¿Así está bien o le cambio?
Perfecto señor narrador, perfecto, dijeron al unísono los Reyes “Magos”.

Iban entonces los tres Reyes “Magos” muy quitados de la pena cuando en medio del camino vieron algo blancuzco, creyeron que era un animal, la Hummer con todo y sus potentes frenos se derrapó y alcanzó a golpear “eso” blancuzco de refilón creándose toda una polvadera brillosa .

– En la madre mi negro creo que le di algo lleno de luciérnagas.
– Joder nada más falta que venga de nuevo el tal “Sapo-pano” y nos vuelvan a encerrar.
– Ouh mai god es algou que se esta levantandou y vine hacia nosotrous.

Algo magullado un ser todo blanco que en la oscuridad podría parecer una momia se les acerco, los tres Reyes “Magos” se quedaron en silencio a la expectativa de lo que podría suceder.

– No manchen casi me regresan por donde vine. – dijo el ser blanqueado

– No teman, no les voy a robar, soy el ángel polvorón y me han mandado porque los otros ángeles están metidos en una trifulca migratoria, el señor de los cielos me ha mandado a decirles que dejen el radio-radar que les entregó Herodes amarrado en la defensa de la patrulla del Sapo-pano que por cierto está echándose unos taquitos de tripas a una cuadra de aquí.

Así lo hicieron y siguieron su camino, sin embargo el tiempo apremiaba y no veían trazas de llegar, de repente la estrella parecía moverse a una velocidad mayor, Margarito Baltazar casi sin ver el camino le metió al acelerador y fue siguiéndola, curvas , bajadas , se salió del camino, entró en atajos y de repente la luz fue más intensa, un ruido ensordecedor se apoderó del lugar y como salido de la nada vieron un Airbus sacando el tren de aterrizaje y dirigiéndose al aeropuerto más cercano.

– Joder ahora si me cago en la leche. Dijo Margarito Gaspar.
– Ouh joly shit!! Exclamó Margarito Melchor provocando el estupor de Gaspar y Baltasar.
– Mi negro y ahora ¿quién nos podrá ayudar?

En eso se hizo un silencio que hasta el aire atrapó y que fue roto por una voz que iba subiendo de intensidad mientras bajaba del cielo.

– ¡¡Yooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!

Al ver a este paladín que bajaba como ráfaga del cielo los tres Reyes “Magos” dijeron al unísono:

– ¡¡El Chapuliiín Colorado!!

A lo que el héroe al ir acercándose más y más y más les dijo:

– ¡¡Ni maisssssss, soy el Hombre Araña.!!

¡¡¡Altooo, deténgase, señor narrador!! Demandaban una voces

¿Qué pasa, por qué me piden que detenga mi narración?

Señor narrador, los personajes de este cuento venimos en compañía de nuestro representante sindical del SUPEL (Sindicato Único de Personajes Literarios) para hacerle el atento reclamo de que este cuento ya se le fue de las manos, en pocas palabras ya perdió el piso.

A ver, a ver, ustedes son muchos y hacen mucho barullo estoy dispuesto a dialogar y negociar con su líder.

En eso todos voltean a ver al ángel naco quien a su vez da un paso al frente y se me queda viendo como midiéndome.

¡Ajá! , ya me lo imaginaba, con que tú eres el grillerito
Nuestro contrato colectivo de trabajo ampara a los personajes nacionales sobre los extranjeros.
Pero entiende que ahora vivimos en una globalización y lo que afecta a uno afecta a todos, no me puedo sustraer a regionalismos anacrónicos.
De no corregir esta situación los aquí presentes nos pondremos en huelga de página blanca.
Está bien, está bien déjenme ver como puedo resolver esta situación en la que ambas partes quedemos contentos.

El héroe se fue quitando la máscara para descubrir su verdadera personalidad a los Reyes “Magos”. Los tres Reyes “Magos” apenas y respiraban ante aquél enigma que se les iba desvelando. Finalmente de un tirón este ser salido de quién sabe donde se retiró la máscara y les dijo:

– Soy el ángel naco, cabrones, a poco creían que era el tal espaider man.
A ver líder del SUPEL, ¿así le gusta o lo cambio?

El ángel naco asintió con la cabeza y se dio media vuelta mascullando palabras ininteligibles perdiéndose entre el grupo reunido.

(Continuamos)

– Ya llegué soquetes para llevarlos hasta el lugar donde se encuentra el Salvador porque la verdad que son unos… (léase pendejos) para seguir astros.
– ¿Y cómo tú nos vas a llevar? Dijo con un tono de incredulidad Baltazar.

– Ira mi rey, ¿sabes?, qué poca madre la de ustedes en dudar de un ángel como yo, si fuera el hombre araña la neta que de volada les hacía un costal y me los cargaba y hasta les iba a gustar, pero como nuestro contrato colectivo me lo impide ahora sí ya nos jodimos y van a tener que manejar su vehículo siguiéndome hasta que lleguemos a la colonia Natividad, espero que tengan asegurada la nave y sus autopartes porque esa colonia está muy federal y se localiza en el mero centro de una ciudad perdida. Y tú pinche Melchor ya deja de estarme viendo las mallas azules, ya vi que te gusta hacerle agua a la canoa.

Es así que el ángel naco desplegó sus alas negras con rayitos dorados y emprendió el vuelo hacia la colonia La Natividad. Los tres Reyes “Magos” fueron siguiendo al ser alado.

– O sea we, no manswe, neto que nunca me creí ver de vil chofer de nacos, o sea we que esto va más allá de los límites de un ángel como yo.
Decía el ángel fresa mientras manejaba el camión escolar amarillo rumbo a la colonia Natividad.

– Oye we, ¿me puedes decir por donde llego a la calle de Belén?,
le preguntaba a los vecinos de la colonia , quienes lo veían como niño del Teletón, mientras los indocumentados vestidos de pastorcitos intercambiaban alegremente regalos con los transeúntes, tales como cigarros de marihuana, papelitos de coca, alguna que otra piedra, cuchillos, anforitas y un sinnúmero de artículos para su propio entretenimiento “virtual” .
El camión amarillo así siguió su rumbo tropezando con calles cerradas, otras sin pavimentar, otras anegadas con el único propósito de llegar a su meta, adorar al salvador del mundo.

Cerca de ahí se veía en el cielo el rítmico movimiento alado del ángel naco.
– Torre de control, torre de control, aquí el ángel naco pidiendo pista para aterrizar. Decía imitando tomar un micrófono. – Ah como me gusta jugar a los avioncitos.

We, o sea narrador, qué cursi te viste con ese comentario, para nada venía al caso we, si ya no tienes qué decir acaba el cuento, no mantz we. Interrumpe el personaje del ángel fresa.

El ángel naco continuó su trayectoria y cuando se encontraba cerca de la chosa tomó de su espalda su trompeta y anunció la llegada con un estruendo celestial, en ese momento como enjambre, salieron de los cielos miles de ángeles entonando coros nunca antes escuchados.
En una vecindad donde aún colgaban sábanas y toda clase de ropa en una cuerda de ventana a ventana salió con fuerza una espléndida luz que abrazó el corazón de quienes estaban por ahí.
El camión amarillo llegó junto con la Hummer de los Reyes “Magos”, todos quedaron fascinados ante aquella escena, no hubo burros, ni bueyes, ni vacas ni borregos (no era mitín político), había sin embargo, pastorcitos hechizos, tres reyes sin reino, y una humanidad que renovaba su esperanza.

La foto del acontecimiento se las debo, con tanta luz se veló

Eduardo Sastrías
(Edusas)

Deja un comentario

Archivado bajo Cuento, Navidad