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PAUPERIS FI

PAUPERIS FI

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5 enero, 2014 · 4:41 pm

LOLA EN TU SEGUNDO AÑO LUCTUOSO

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Mientras tú envejecías yo crecía. Te convertiste en mi sombra y éramos Lola y Lalo lo que hacía tan difícil saber dónde terminaba yo y dónde comenzabas tú. Aún duele recordarte, aún duele tu ausencia que he tratado de compensar con el amor de cinco perros, mas no ha sido suficiente. Sé que donde quiera que estés me estarás esperando para volver a abrazarte mi peludita, mi dulce compañía. Hoy seguro que el cielo se despejará y dejará ver las estrellas que no son sino los ángeles de cuatro patas que el creador de todo ha llamado con él y que de entre ellas brillarás de una manera especial para mí. Lola por siempre Lola. En tu segundo año luctuoso…Lalo

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UN REGALO DE NAVIDAD

Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Juan 15:13

Era la víspera del día de navidad y las familias recorrían las plazas comerciales en busca de los últimos regalos de temporada. Caramelo era uno de esos encantadores perritos que venden en las tiendas de mascotas, de esos que se encuentran detrás de una vitrina enorme de cristal.
– ¿Qué prefieres una muñeca o un perrito? Le preguntó la madre a su hija Alicia quien al ver los ojitos de aquel perro detrás de la vitrina que decían “¡¡¡sáquenme de aquí!!!” no lo pensó dos veces y de inmediato le dijo a su madre, quiero a ese perrito. Así fue que el día anterior a la navidad Caramelo pasó a ser propiedad de la familia Del Toro que se componía de cuatro miembros, Padre, madre y dos hijos un varón llamado Ricardo y una niña llamada Alicia, como su madre.
Todo parecía que Caramelo sería el regalo perfecto para los niños.
Tan pronto llegó a ese hogar le llenaron de cariño y de cosas; la camita, la correa, pelotas, muñecos de plástico, carnazas para morder, chalequitos, Caramelo era la novedad.
Caramelo, así lo llamaron porque era un cachorrito que como decía la madre de Alicia, “te lo quieres comer” por lo que con la palabra “Caramelo” quedó acuñada la placa de la correa del canino. Lo acomodaron en la cocina para que estuviera resguardado del clima y todos a dormir.
A la mañana siguiente el piso de la cocina tenía varios charquitos de pipí, y un par de heces estratégicamente dejadas frente a la puerta de entrada.
Los niños se levantaron más temprano para abrir sus regalos que se encontraban debajo del árbol de navidad y jugar con el otro regalo llamado Caramelo, quien al parecer los esperaba con ansias, como si fuera otro niño. Al verlos ladró con brío de gusto, saltó quedando en dos patas moviendo su colita.
No faltó que alguno de los niños no se percatara de las heces y las pisara embarrando a cada paso parte de las mismas en la alfombra de la escalera.
Caramelo fue creciendo y también su energía, la ropa que solía estar tendida en el patio resultó ser una gran atracción para él, misma que terminaba en el suelo llena de lodo y mordisqueada, algunas de las plantas del jardín quedaron totalmente destruidas por los hoyos que había cavado.
El hecho de que Caramelo no se comportara como un muñeco de peluche comenzó a incomodar a Alicia, la madre de los niños y no faltaba que alguno de ellos lo tratara con brusquedad, sin que recibiera ninguna llamada de atención ni guía para que con el tiempo aprendiera a cuidarlo y respetarlo.
Caramelo fue creciendo y dejando atrás aquella imagen del cachorrito tierno. Ya no tenía su camita sino que dormía afuera en el patio de servicio envuelto en una cobija vieja; cuando llovía tenía que guarecerse en el techito que cubría la lavadora pero inmediatamente era reprendido por la dueña quien creía que iba a morder alguna de las mangueras. Los niños ya no lo tomaban muy en cuenta, aquella emoción del “juguete” navideño había pasado, de hecho su madre les decía que no se acercaran mucho a él pues podría morderlos ya que ahora era un perro “grande”.

Un buen día Rogelio Del Toro, el padre de los niños subió a Caramelo a la camioneta y él muy contento creyó que lo llevaría de paseo, en el trayecto vio como la ciudad quedaba atrás, él se dijo guau, me va a llevar al campo, entonces vio como la camioneta se desviaba a un camino vecinal de terracería que se adentraba en una zona boscosa. ¡Qué bien se dijo, vamos a algún lugar lejos de todo, seguro que correré y jugaremos todo el día!
Cuál fue su sorpresa que al llegar a un paraje, Rogelio abrió la puerta de la camioneta y lo invitó a salir. Caramelo salió todo contento con la creencia de que los dos irían a jugar; se revolcó en la hierba y daba saltos; de repente escuchó un ruido de motor y vio como la camioneta se alejaba. ¡Eh no me dejes, vamos a jugar! se decía mientras corría tras la camioneta, pero ésta desapareció en el horizonte.
Oscureció y el inclemente frío comenzó a hacer estragos en el canino quien rascó la tierra e hizo un pequeño hoyo donde se echó y se hizo bolita acurrucándose para conseguir algo de calor en aquel lecho improvisado, sus tripas comenzaban a reclamar alimento y agua, lamía la hierba con la finalidad de obtener algo de humedad y sabor.
“Te abandonaron, ¿verdad?”, escuchó Caramelo mientras dormitaba, en eso vio una luz intensa que le daba calor, “yo nunca te abandonaré, eres parte de mi plan de salvación para los hombres”. Caramelo movía la cola y se le quedaba viendo como si entendiera cada una de las palabras, de alguna manera parecería que esa emisión le era del todo conocida. “Tienes una misión que cumplir y ha llegado el momento; deberás caminar por la vereda que lleva a la carretera y ahí te estará esperando tu destino”.
A paso lento pero firme siguió las instrucciones que venían de aquella luz. De pronto todo fue oscuridad, ruidos de otros animales corriendo y escondiéndose entre la maleza, Caramelo continuaba su andar sólo guiándose por el olfato.
Se levantaba la aurora de un nuevo día que despertaba, Caramelo tomó un breve descanso después de haber caminado todo lo que quedó de la noche, extrañaba aquellos días en que era mimado y querido, ahora se encontraba en medio de un lugar desconocido y frío tan sólo siguiendo aquella voz interior, “yo nunca te abandonaré”; llegó al entronque de aquel camino vecinal con la carretera, no sabía para donde dirigirse si hacia la derecha o la izquierda o bien cruzar la carretera y continuar por el campo, en medio de esa indecisión, vio que venía una camioneta igual a la de sus dueños, “¡ahí vienen por mí!”, se dijo, “ seguro que se olvidaron de mí y vienen a recogerme” brincó y comenzó a ladrar de alegría a la vez que la camioneta se iba acercando, ya que estuvo lo suficientemente cerca corrió hacia la camioneta y ésta se abalanzó para embestirlo, – ¡Pinche perro de mierda!, se escuchó el insulto en medio del rechinido de los frenos. Caramelo no entendía qué pasaba, su corazón latía a mil por hora, la cola instintivamente se le metió entre las patas y cuando iba a correr casi es atropellado por otro auto que venía en el sentido contrario de la carretera. De la camioneta se bajaron dos jóvenes en estado alcohólico, fumando un porro. Caramelo se regresó al ver el otro auto y se echó debajo de la camioneta en busca de protección, uno de los tipos se subió a la camioneta y la movió de tal manera que golpeó a Caramelo mientras que el otro tipo lo pateaba y le aventaba gasolina, en seguida lanzó la “bacha” al charco que había dejado la gasolina, a la vez que corría para alcanzar la camioneta que ya se encontraba huyendo del lugar. Caramelo se vio envuelto en llamas y su dolor se traducía en lastimeros aullidos. Caramelo era una antorcha canina, que había venido al mismo infierno. Creía morir con la peor de las muertes y en sus últimos aullidos llamaba a aquella voz que le había dicho que nunca lo abandonaría…


“¿Cómo se hace para vivir una vida vacía?, ¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?”, se repetía Mateo en su mente. A la muerte de Esther su mujer, su vida había caído en un abismo cubierto por la negra rutina de sobrevivir los días.

Caramelo sintió de repente como su cuerpo era cubierto y las llamas eran ahogadas, todo era oscuridad, el dolor era insoportable, lanzaba mordidas a ton y son al sentir que lo tocaban, la manta que lo cubría finalmente sirvió como camilla para subirlo al auto, en eso sintió que su cuerpo quedaba atrapado en aquel auto pero algo de él se elevaba como si poseyera alas, desde lo alto seguía a aquel auto que a toda velocidad bajaba de la carretera a la ciudad para llegar a la primera clínica veterinaria.
Desde arriba veía como una persona cargaba con mucho cuidado el cuerpo que una vez fue suyo, era ayudado por un doctor, la piel supuraba llagas por todas partes, una pata rota, el ojo derecho había sido alcanzado por el fuego e irremediablemente tuvo que extraerse. Sueros, antibióticos fueron suministrados a través de cánulas, Caramelo seguía observando su propio cuerpo maltrecho desde las alturas esperando que de un momento a otro ese cuerpo dejara de respirar y finalmente descansara de tanta agresión recibida.
Pasaron varios meses de constantes cuidados, las llagas fueron cicatrizando dejando a su paso las huellas de aquél trágico momento. De no haber sido por Mateo, Caramelo hubiera tenido una de las muertes más crueles y dolorosas. Ahora descansaba en una mullida camita cerca de él.
A partir de aquel trágico suceso la vida de Mateo tomó un giro descomunal, atrás quedaba una vida de soledad y abandono, ahora Mateo recibía todo el cariño que otro ser le pudiera dar, la compañía de Caramelo le brindaba un nuevo objetivo a su triste vida, eran dos seres que algo o alguien había decidido juntarlos para compensar sus propios dolores.
Mateo había quedado viudo hacía ya diez años, nunca tuvo hijos, y desde la muerte de Esther su mujer su vida se había vuelto fría y monótona. Así que Caramelo vino a ser eso que le faltaba en el ocaso de su existencia. A partir de que Caramelo llegó a su vida, ésta parecía haberse teñido de luz y mayor sentido. Todos los días se les veía caminar acompañados el uno del otro por las calles y cuando Mateo salía en el auto, Caramelo corría para subirse al asiento del copiloto.
Mateo incluso se había vuelto más sociable y había reanudado los vínculos con sus demás familiares. Para él su vida cambió el mismo día que vio en la carretera a Caramelo envuelto en llamas. Venía de una población fuera de la ciudad donde le habían dicho que vivía una curandera que era muy efectiva para los casos de cáncer; a Mateo le habían diagnosticado cáncer en el estómago hacía unos meses y se negaba a recibir los tratamientos convencionales, ya que consideraba que las quimioterapias son la antesala a una devastadora agonía.
Una voz le decía que algo importante iba a suceder en ese día, mas nunca creyó que sería el encuentro con Caramelo, jamás pensó que tendría una nueva oportunidad para dar amor a otro ser y ver la vida desde otra perspectiva, paradójicamente más humana. El cáncer ahora era sólo una circunstancia en su existencia, pero Caramelo era una razón de vida.
Caramelo era el mejor compañero que Mateo pudiera tener, de hecho lo había renombrado como Fénix en memoria al ave que renace. Después de los paseos por el parque se echaba junto a Mateo en aquellas tardes de lectura como si él también disfrutara de las letras y de las historias. Por momentos le venían imágenes de aquellos días en que fue el centro de atención de aquella familia quien dijo quererlo, aunque Mateo no era muy comunicativo sí le expresaba ese amor con hechos y con dedicación. Fénix, por su lado, aprendió con un ojo a ver todo el mundo que Mateo le compartía.
El clima comenzaba a ser frío se avecinaban las fiestas navideñas; en esas tardes Fénix se acurrucaba a los pies de Mateo en un cálido silencio que estaba lleno de contacto y comunicación.
Mateo por momentos sentía que su cuerpo se desvanecía debido a los dolores que el cáncer le provocaba. Mientras Mateo acariciaba a Fénix pensaba que esa era precisamente su mejor terapia, acariciar a Fénix, al hacerlo los dolores disminuían y entraba en un estado de relajamiento y armonía que los hacían sentir mejor. Entre sus pensamientos, no dejaba de preocuparle la posibilidad de lo que pudiera llegar a pasar si su estado se agravara y no pudiera atender a Fénix, pero aquel perro parecía entenderlo y restregaba su cabeza en el estómago de Mateo como si sobándole lo quisiera curar.
Era la primera Noche Buena que Mateo y Fénix pasarían juntos desde aquel trágico encuentro. Mateo había invitado a cenar a algunos vecinos y parientes. En la mesa estaban los servicios mudos e impávidos esperando ser ocupados. De la cocina salía un delicioso olor a pavo ahumado con relleno de castañas que se estaba cocinando, las luces del árbol navideño jugaban a través de las ramas. Fénix no dejaba de seguir el recorrido de las luces con la mirada. Al ver a Mateo movió la cola y corrió a querer abrazarlo; en alguna parte de su ser volvía a escuchar aquella frase que parecía ya lejana “yo nunca te abandonaré, eres parte de mi plan de salvación para los hombres”.
Me siento un poco cansado, le dijo Mateo a Fénix, en lo que llegan los invitados me voy a recostar un rato; Fénix lo siguió hasta su recámara y se echó al pie de la cama escuchando el rítmico respirar de Mateo. De repente algo sucedió, aquella respiración se detuvo, Fénix levantó sus orejitas y fijó la mirada hacia lo alto de la cama, los segundos corrían y el silencio era profundo. Fénix brinco a la cama y lamió la cara de Mateo, se quedó quieto esperando alguna reacción…no hubo respuesta, desesperado Fénix ladró con todas su fuerzas, salió de la recámara emitiendo sonoros ladridos como si gritara que había una emergencia, regresó y brincó a la cama, volvió a lamer la cara de Mateo, nuevamente no hubo ninguna reacción, rascó la cama para provocar algún movimiento, de nuevo nada, Fénix gemía y daba vueltas en la cama, finalmente desconsolado echó su cuerpo junto al de su amo acomodando la cabeza en su regazo.
Todo se oscureció, Fénix levantó la cabeza poniéndose en guardia, en eso se escuchó la risa de una criatura, las orejas de Fénix se levantaron queriendo reconocer de dónde venía aquel sonido. Una luz se fue acercando a la recámara y al llegar al quicio de la puerta Fénix vio a un niño muy pequeño que caminaba dando tumbos, con sus manitas le hacía señas de que fuera con él , Fénix brincó y corrió hacia el niño, éste lo acarició a la vez que Fénix le lamía las manos y movía la cola de tanta alegría, el niño reía a carcajadas al sentir la lengua de Fénix en sus manitas, en eso el niño se tambaleó y cuando iba a caer de sentón se detuvo en el lomo de Fénix .
Cobijados por esa luz, aquel balbuceante niño y Fénix salieron de la casa; todo era silencio, tiempo y espacio perdieron su relatividad y se transformaron en una colina que albergaba tres árboles en forma de cruz; el niño levantó su manita y señaló una estrella que brillaba con mayor intensidad que las demás, Fénix fijó su mirada en la estrella que el niño señalaba.
Mateo abrió sus ojos los cuales sentía tan pesados como dos lápidas, a la vez que percibía algo sobre su estómago; bajó la mirada y vio que Fénix se había quedado también dormido. – Fénix despiértate, no tardarán en llegar los invitados, nos hemos quedado dormidos, Fénix no respondía, parecía haberse quedado profundamente dormido, Mateo trató nuevamente de despertarlo pero al moverlo sintió el cuerpo del perro frío y desvanecido… Fénix había fallecido. Mateo lo abrazó con fuerza en medio de un incontrolable y desgarrador llanto, – ¡¡Fénix, Fénix, no me dejes, qué va a ser de mi sin ti!!
En eso sonó el timbre con insistencia. – Ahora voy, ya voy. “Han de ser los invitados”, se dijo Mateo secándose las lágrimas y dejando a un lado el cuerpo de su adorado compañero. Se dirigió a la puerta, una vez que la abrió no había nadie, volteó para un lado y para el otro, nada, sólo una pluma blanca revoloteaba sutilmente al ritmo de la brisa invernal, Mateo abatido regresó a la recámara, Fénix ya no se encontraba ahí, por un momento se llenó de gozo al creer que había despertado y se había ido a algún lugar de la casa, sin embargo no lo encontró por ningún lado, aquella pluma fue a dar sobre el vidrio de la ventana, como si algo le quisiera decir, al verla Mateo entonces recordó aquel extraño viaje que había tenido mientras se quedó en aquella muerte dormida, le vinieron las imágenes de Fénix y él frente a un Ser de Luz quien se dirigía a Fénix poniendo su mano con delicadeza sobre su cabeza “yo nunca te he abandonado, has sido parte de mi plan de salvación para este hombre, ha llegado el momento que regreses a mi lado a formar parte de la corte celestial de ángeles; hombre le dijo a Mateo tu bondad te ha curado”.
En ese momento Mateo entendió cuán grande fue el amor de aquel ángel de cuatro patas que dio su vida a cambio de la de él.
Esa noche Fénix pasó a ser el mejor regalo de navidad… su ángel de la guarda.

Eduardo Sastrías Bordes

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HOMENAJE A LOLA


Esta tarde nublada de Junio, cuetones suenan estrepitosamente uno tras otro en memoria de algún santo del calendario, el cielo se ha ataviado de nubes luctuosas y quiere llorar, la tenue luz de una veladora custodia la pequeña urna que hace unas horas apenas fui a recoger, ya desde ayer en la noche que llegué de la oficina y durante la madrugada su muerte anunciaba.
Quince años se dicen rápido, quince años con sus doce meses y cada uno de sus días han formado una gran cadena de eventos en mi historia que será difícil contar sin ella.
En ese tiempo a cada paso que daba, sus cuatro patitas se apresuraban para estar siempre a mi lado. Cuantas noches su respiración y la mía se confundieron en el calor de las sábanas. Cuantos éxitos y fracasos, cuantas angustias y logros vivimos juntos…Cuantos momentos.
Una luz hoy da fe de su paso por este mundo al cual alegró con sus siempre enternecedores ojos como caniquitas. Cuento a tantas personas que se acercaron a mi historia de vida gracias a ella. De Lola no sólo obtuve la compañía que me brindó en estos quince años sino el aprendizaje de saber estar conmigo mismo. Sus orejitas siempre paradas al acecho de cualquier sonido, sus ojitos queriéndose comer cada momento como la silente testigo de mi diario acontecer, a veces afortunado otras tantas terrible y triste…Y ahí siempre estaba.
Hoy decidió que ya era tiempo de dejarme caminar solo pues su cuerpo y sus fuerzas se rindieron ante el tiempo. Esta noche las nubes darán paso a las huellas que se marcarán en el firmamento en forma de estrellas y que mostrarán su camino de regreso al creador.
Los recuerdos son innumerables, los momentos maravillosos; sin duda alguna han sido el mejor regalo que la vida me dio y han quedado en mi corazón como ese bello y eterno jardín que algún día compartiremos de nuevo.
Descansa en paz Lola
(08/03/1995- 30/06/2010)

¡¡Por siempre Lolita!!

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FLOR



Al igual que las flores abren sus pétalos casi imperceptiblemente de un momento a otro, así llegó corriendo en alegre trote por las calles del fraccionamiento moviendo su dorada cola. Días anteriores me había dicho “ si no tuviera tanto perro, cómo me gustaría tener una perra pastor alemán” y como si mi deseo se hiciera realidad ahí estaba enfrente de mi, de color miel tirándole a pastor belga más que alemán quizá la mezcla de alguna otra raza le daban ese toque tan especial,.no mostraba signos de maltrato ni huellas de suciedad, ni albergaba pulgas en entre su pelo, tan propias de los perros callejeros, los huesos pegados a la piel mostraban los largos días de ayuno.
Sólo bastó para que nuestros ojos se encontraran y desde ese momento me entrego su cariño incondicional como sólo los canes saben darlo.
Qué voy a hacer contigo, le dije y ella en su manera muy particular me contestó que lo primero que debía hacer era ponerle un nombre. – a ver, a ver , me quedé pensando mientras le veía sus ojitos inquisitivos a la vez que ella se quedaba sentadita en espera de mi respuesta.
Le tomé las dos patas delanteras y la levanté para confirmar qué sexo tenía. – Ah, eres una niña, entonces te voy a llamar “Meche”, al parecer ella quedó contenta con ese nombre e inmediatamente me dijo con sus ojitos que tenía hambre y sed.-Dame un segundo, le dije a la vez que tras la puerta se escuchaba el coro de ladridos de mis cuatro criaturas; entre a la casa impidiendo que ella me siguiera hacia adentro, tomé un tazón que llené de croquetas e inmediatamente salí a entregárselo. Meche no sabía qué hacer primero, si agradecerme o comer, el instinto pudo más y en cuestión de segundos se dio a la tarea de acabarse las croquetas mismas que no fueron suficientes para calmar un hambre de días, pero no se fuera a enfermar o como dicen vulgarmente, a “empachar”, fue entonces que le di agua misma que recibió agradecida.
Ahí se quedó echadita refrescándose en el pasto afuera de la casa en una tarde calurosa.
Con un poco de sigilo salí con mis cuatro criaturitas a caminar, de inmediato “Meche” dejó su letargo y se alistó toda contenta para seguirnos dando brincos de alegría entre trote y trote, de repente se puso frente a mi y levantó sus patas delanteras para posarlas en mi pecho y en su lenguaje me dijo: “gracias”.
Meche, Meche qué voy a hacer contigo mientras caminábamos de regreso. Ya en casa entró y estuvo con nosotros un rato, sin embargo esa noche cálida durmió afuera bajo el techo de la entrada de la casa, cobijada nada más por la esperanza de tener un hogar.
Al día siguiente la rutina laboral me impidió estar con Meche. Era un lunes cuando ella se quedó mirándome con sus ojitos que no entendían porque salía yo a toda prisa en mi coche y me perdía de su vista, mientras manejaba hacia la oficina me hacía toda clase de preguntas, si alguien tuvo el corazón para dejarla en medio de la calle, qué peripecias pudo haber pasado antes de llegar a casa.
A mi regreso ya no estaba afuera de casa, la noche estaba cayendo y no se vía mucho en el fraccionamiento, aún así salí a buscarla y no encontré nada.
¡ Mecheeee, Mecheeee!!!, dónde estarás, quién te habrá corrido, en qué desgracia estarás ahora, la noche cayó y yo apenas podía cerrar mis ojos pensando si algún coche la pudiera haber golpeado y ahora estuviera renqueando o si en medio de su inocencia hubiera sido víctima de una riña, en fin una cadena de sucesos me invadían la noche que al menos era cálida, en algún momento debí haberme quedado dormido.
La rutina opacó mi angustia durante algunas horas, a mi regreso cual va siendo mi sorpresa que en el parque del fraccionamiento ahí estaba jugando con un grupo de niñas, siendo ella una más. Corrían de un lado a otro y ella brincaba de alegría cuando le llamaban, apenas y se percató de mí. Meche era feliz.
– ¿Cuándo llegó? Pregunté.
– Desde ayer , y está con nosotras en casa me respondió Pau.
– Y ¿Cómo se llama?
– Flor , le pusimos Flor.
– Ah qué bonito nombre, dije.

Ocho días estuvo “Flor” acompañándonos y siendo una niña más que jugaba y reía en su forma muy particular de hacerlo. Sin embargo nadie podía tomar una total responsabilidad de ella, ya sea por espacio, por dinero, por tener otro perro, me aboqué entonces a buscarle un hogar.
“Adóptame, me llamo Flor” decían los letreros que vestían las vidrieras de las veterinarias de la zona.
Ayer la calle estaba callada, triste y el ambiente resonaba a ausencia. Flor, Flor gritaban mis ojos queriendo verla salir de su guarida.
– Llamé a una asociación que dirige un doctor en el barrio de Santa Tere, y me recibieron a Flor, me comentaba la madre de Pau. No sabes cómo me dolió, continuó diciéndome. Pero es lo mejor para ella. Mientras escuchaba sus palabras veía a mis cuatro criaturas que olfateaban algún rastro que Flor dejó.
Hoy la ausencia tiene una fragancia a…Flor.

Eduardo Sastrías Bordes

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DOMENICO

Hay momentos en la vida que uno no sabe si va o viene, si el camino que según uno se ha trazado sea el correcto. Estos tan vituperados tiempos de crisis mundial, que a mi gusto no es más que el resultado de una crisis de valores tales como el respeto, la honestidad, la verdad, la humildad, y me podría seguir y seguir nombrando más y más, es cuando resulta entonces imperante “sacar lo mejor de sí mismos”, sin embargo esa es una frase al parecer queda en una muy “bonita” , la realidad es otra, y lo vemos con los animalitos que son abandonados, usados, torturados, comercializadas sus pieles, en fin una total falta de respeto a la vida, y en ese enredo llamado mundo matraca, llegan cuando menos lo pensamos ángeles que nos dan su cariño, su luz y su constante compañía, así llegó Domenico, cuando menos lo pensaba me lo ofrecieron en adopción , yo,al igual que decía mi mamá también me dije ” a ver qué mañas traerá” y no acababa de pronunciar estas palabras cuando él me dejo llevar a su mundo en lugar de yo llevarlo al mio, me dijo en su propia forma de decir las cosas que le tuviera un poco de paciencia mientras nos acoplábamos, ya que yo en momentos estaba renuente a quedármelo y mientras este nuevo entorno para él lo hacía suyo, a cambio me dio compañía, muchísimo cariño, tranquilidad, paciencia, y poco a poco en cada rincon de la casa ha ido dejando un poquito de su alma, como si con ella marcara su territorio en mi corazón. “Chester” era su nombre original , pero he querido cambiárselo a Domenico como un signo de este nuevo cambio en la vida de él y de la mia.

Cuatro son entonces ya las criaturas (ángeles caídos) en mi vida , Lola, Fermín, Paquita y Domenico.

Cada uno de ellos ha hecho que el camino de mi vida tenga alegrías y esperanza;han sido curiosamente estas criaturitas las que día a día durate años van moldeando mi carácter y me han hecho más humano, es por ello que para mi son unos verdaderos ángeles caidos del cielo y un regalo de Dios.

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CENICIENTO

CENICIENTO

Érase un huerfanito que vivía en la soledad de su choza en un pueblo lejano donde el ruidajal, la barbarie, la vulgaridad y lo corriente eran la ley, un buen día desesperado el pobre huerfanito para mitigar su soledad se hizo de una hermanastra quien lo llenó de cariño y compañía pero al verse ya viejita el huerfanito sintió que el mundo se le venía encima pues su hermanastra le había llenado la vida, fue entonces que decidió comprarse otros hermanastros primero llegó un hermanastro y luego una pequeñita . la vida de la choza se vio de lo más agitada desde entonces ya que a toda hora se escuchaban gritos que decían:
-¡¡¡Cenicientoooooo!!! Ya me cagué , ¡limpia!!!
– ¡¡¡¡Cenicientoooo!! Ya me meé … ¡Li
mpia y trapea!!!
-¡¡¡Cenicientoooo!! Me toca mi desparasitada
Cuando finalmente se iba a descansar el pobre Ceniciento se escuchaban gritos
-¡¡Ceniciento!!.. ¿Por qué me cambiaste la marca de las croquetas???? ¡Cómetelas tú!!
Un día Ceniciento fue invitado a Palacio, así se llamaba un antro de mala muerte al que le gustaba ir. Ceniciento estaba muy emocionado porque esa noche saldría y se perdería en el arrabal, juntó un poco de dinero para su cita en el Palacio. Cuando de repente se escuchó un trío de voces que clamaban:
¡¡¡Cenicientoooo!!!, ¡Nos toca vacuna!!!…¡¡llévanos al veterinario!!!, y el pobre Ceniciento se quedaba en su choza a dormir en compañía de sus hermanatr@s que habían quedado protegid@s de todo a todo con tanta vacuna y Ceniciento sin un quinto.


A la mañana siguiente comenzaban los gritos :
-¡¡Cenicientooo! Ya me cagué , ya me meé, limpia , trapea, cepíllame que estoy desastrosa , sácame a pasear que aquí me aburro, vuelve a limpiar la cagadota que me acabo de echar, dame de tu comida, dame mis medicinas para los nervios, mis vitaminas y mis juguetes…¡¡¡Cenicientooooo!!! ¿Qué no me escuchas????. Tengo pulgas y ya se las pegué a mis hermanos, llévanos al veterinario y desinféctanos!!!
Harto Ceniciento salió un buen día de su choza y se fue lejos del pueblo a donde no escuchara más a sus hermanastr@s pero cuando iba rumbo a ningún lugar se detuvo y sintió que l@s extrañaba y que si l@s dejaba sol@s no sobrevirían. Bajó su cabeza y tomó el camino de regreso. Contó los pocos pesos que tenía escondidos en una caja cuando en eso se asomó la más pequeña y le dijo: “Ceniciento, ¿qué escondes ahí?” , Ceniciento titubeó: eh, unos papeles. –Está bien Ceniciento, nada más venía decirte que ya no tengo croquetas y las que me has dado me han producido alergia, además necesito un buen baño y que laves mi cama. ¡¡¡¿Entendiste Ceniciento???!!!
– Sí , todo quedó claro, nada más déjame ir a la oficina a trabajar y de regreso te compró las croquetas que me pediste.
Llegaba cansado Ceniciento y no acababa de cerrar la puerta cuando se encontraba manchas de orines , algunas heces regadas por la casa, dejaba con cansancio su portafolio en una silla y llenaba la cubeta con agua y desinfectante para ponerse a trapear toda la casa, cuando de repente se escuchaban una voces que decían “ ¡¡Ceniciento, sácanos a pasear!!!” y ahí iba el pobre Ceniciento a dar la vuelta y mientras sus hermanastr@s corrían defecaban se orinaban y se revolcaban él pensaba en una y mil cosas, quizá estar solo en la playa escuchando el vaivén de las olas, pero sabe que a los cinco minutos estaría extrañando a sus hermanastr@s, entonces se decía que definitivamente él tenía un rasgo masoquista pues no podía vivir sin sus hermanastr@s, finalmente llegaba la oscuridad y se apagaban las luces de la choza entonces todos dormían a pierna suelta,mientras a lo lejos se oían ecos de música de banda, gritos, ladridos, sirenas que rompían la serenidad de la noche para comenzar un nuevo día con los mismos gritos de siempre…¡¡¡Cenicientoooo!!!

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